Ella vivía en la ciudad de los sueños.
Allí donde las casas son de chocolate, los pájaros cantan y te sonrien a tu paso y las nubes son de algodón de dulce.
Allí, donde no llegaba la tristeza, ni la envidia, ni la soberbia, ni el rencor, ni el odio…
Donde solo habitaban la armonía y la belleza, y donde todos los días lucía el sol por la mañana y llovía suavemente por la noche. Allá donde la felicidad era para toda la vida.
Pero ella, en su ciudad de los sueños, de vez en cuando lloraba desconsoladamente.
¿Cómo en la ciudad de los sueños se puede llegar a llorar?, os preguntareis.
Pues es muy fácil, porque en el lugar en donde sólo había alegría, de vez en vez llegaba alguien, y le robaba un sueño, y ella lloraba sin que nada ni nadie pudiera consolarla. Y con el corazón encogido, veía como, una vez más, perdia un pedacito de su ilusión.
Si ves a alguien que tiene un sueño, no se lo robes, apóyal@… ya habrá tiempo de ver si es un sueño irrealizable. Recuerda que a menudo tenemos "cuotas elevadas" de excesiva realidad. Deja que sueñe.
“El futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños.”Eleanor Roosevelt. |