Fue al acabar el invierno. El periquito estiro la pata. Murió. Mi mujer lloró desconsoladamente y no me lo dejo arrojarlo a la basura ecológica, al de orgánica. Me dijo que lo tenía que enterrar. ¿Enterrar a las 10 de la noche en una gran ciudad?. Lo amortajo con unos panties viejos y lo puso dentro de una caja vacía de galletas. Me dio una vieja pala que teníamos para las plantas y salí de casa con la intención de deshacerme de él en cualquier papelera. No sé porque en el último minuto se me ocurrió ir a un parque cercano y enterrarlo en la zona ajardinada. A veces nos complicamos la vida. O quizás es que en el fondo le tenía aprecio a ese pájaro saltarín y cantador que cuando le abría la puerta de la jaula se venía volando y se me posaba encima de la cabeza haciéndome sus necesidades.
Empecé a cavar en el parque y no me di cuenta de que me observaban dos vagabundos mientras estaban bebiendo un vino barato directamente de la botella. Me animaban y me hacían comentarios jocosos mientras se reían. Hasta que dejaron de hacerlo. Entonces pensé, que bien, ya han dejado de fastidiarme. Pero alguien me iluminó con una linterna. Me giré y eran dos policías.
- Buenas noches, señor, ¿me permite ver su documentación?-
Me preguntó el más veterano. Le extendí mi carnet de identidad y se lo llevó hacia el coche patrulla donde empezó a hablar por radio. El otro me dijo que dejara la pala en el suelo.
- ¿Qué hay allí en esa caja?-
Me preguntó el policía y yo le explique toda la verdad, de cómo las mujeres a veces hacen que un hombre cometa acciones peculiares. Regresó el otro agente y entre los dos abrieron la caja. Allí estaban los panties viejos de mi mujer y al desenvolverlos se encontraron el cadáver del pobre animalito.
- ¿No sabe que esta prohibido enterrar animales en la ciudad?-
- Bueno, señor policía, esto es una cosa muy chiquitina…no creo que a nadie le cause molestia.-
- Ha tenido suerte de que no fuéramos de la metropolitana, le hubieran puesto una buena multa. Nosotros deberíamos avisarlos, pero por esta vez, llévese el animal, la caja y todo esto y tírelo a una papelera.-
- Si, señor.-
- ¿No será usted un tipo raro, un fetichista de esos?
- No señor policía, le juro que yo…-
- Venga, desparezca de aquí-
Así que hice lo que me dijeron, pero cuando ya no me vigilaban, cerca de un árbol, lo deposité en el césped y lo tape con hojas y arena. Sentí que había cumplido con mi deber y volví a casa.
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