A veces entro en tu cuerpo deslizándome como una coral, y aprendo a mecerme al compás de sus ímpetus disipados. Mis manos se transforman en ramificaciones de un todo incesante que persigue tus anhelos, mi lengua en anémona que acaricia los extremos de tu gruta paladar; mi cintura se ciñe a tu envoltura de piel irradiada por el calor de un sol interno protuberante y clitorial. Descubro cimas sinuosas, abombadas, y riachuelos cuya humedad riega de dulce sabor salobre la cartografía de un mapa incuestionable y misterioso, que contiene el secreto en clave de la vida…
josé Fernández del Vallado, josef. Pozuelo de Alarcón.
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