Somata la puerta y dejame entrar que quiero pensar un rato en todo eso que no queremos decir y preparemos las armas, toma tu la bazooka y yo tomaré al capitan, nos encerraremos en el baño y desperdiciaremos cinco balas cada uno en matar pajarracos.
Prende la luz, toca el piano y de cortesía pide un bofetón tierno y suave sobre las costras del ayer, pide un gin con cola un trago de ron y que surta efecto el mercado y la globalización. Lenin al poder, Marx a lavar los trastos y yo me chupo los pies.
Basta ya, mejor toquemos “Sonatas” de Chopin y sintamos cuan marica es el mundo y restrega tus pasos hacía atrás, no te haré daño ni te haré nada, sólo recibiras lo que anárquicamente mereces, un racimo de rosas y una pequeña tumba, para tu ataud deberas ahorrar cariño, porque los atauds por más romanticos que sean siempre suelen ser más caros que las rosas y mucho más pesados que una caja de chocolates envueltos en papel esmaltado.
Sigue, sigue con tu pose futurista, amenaza la mirada y lanzas el primer gemido, nombras cada uno de los pasos de una perfecta globalización y los diecisiete tragos que he bebido por pensar solo en ti…
Eso sí, después no te quejes que no te pague la televisión y el cable y que tu perro lo cague a patadas cocomo y tus asqueantes películas japonesas, prefiero un solitario y extraviar el rey de oros y las nueve españolas, que mañana vuelven, porque tu te vas.
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