los labios rotos de tanto besar al silencio
de gritar contra el viento y sentir que la respuesta
es una nube que
es un cielo que
es un charco que se está a punto de pisar.
las manos rotas de tanto acariciar a las paredes
como blancas pieles como
suaves ademanes lujuriosos de ternura,
y no esa dura rugosidad sin cara
entre revoques y telarañas.
los ojos rotos de tanto mirar al cielo que
es un charco que
es una nube soltando pequeñas gotas
que brotan como sutiles suicidios de cristal
y arcoiris.
el corazón roto
pero el recuerdo intacto |