Tenía una rosa regalada, pero ella quiso más.
Se metió en el rosal y mientras paseaba, pensó en olerlas. Y a cada paso que daba, olía otra más, y otra…, y otra. Y no contenta con eso quiso llevarse también la suavidad de esos pétalos ajenos, de esos pétalos distintos, decidió tocarlas e impregnarse de una nueva suavidad y perfume. La vista la acompañaba en todo momento…, rosa, rojo, amarillo…
A cada paso que daba, las olía y las tocaba, pero entre los perfúmenes y las sedas, con las espinas se fue topando, hasta que ya su dolor fue demasiado grande, tal vez un dolor hasta ahora desconocido.
Entonces se acordó de su rosa, la que tenía y era tan solo para ella. Esa rosa que jamás le pinchó y la que cada noche perfumó su habitación.
Con todas sus fuerzas corrió hacia ella, pensó en recuperarla, pero ya fue tarde. Ya era demasiado tarde.
Su rosa marchitó, y no existió consuelo para ella aquel día, que se quedó jugando en el rosal.
Nota.- Cuída tu rosa |