El hombre de abrigo negro avanza,
con enérgica
lentitud
a pesar de la nieve,
a pesar del frío,
a pesar de la oblicua
granizada
que le flagela el rostro,
el hombre del abrigo negro se abre camino,
lenta y trabajosamente,
afirmándose en su par de botas,
balanceando los brazos para no caerse,
levantando los brazos cual triunfador,
al franquear, llave en ristre, el umbral
de una de las
verticalmente anónimas
torres multivecinales.
Eytán Lasca © 2008
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