La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net - EVERO - 'El Hijo de Osiris o el hombre que amó mil corazones (3)'
El Hijo de Osiris o el hombre que amó mil corazones (3)
3
-Disculpe Miguel. Ahora me doy cuenta de que no le he preguntado qué desea tomar.
-Me conformaría con un zumo de melocotón o de naranja. Si no lo tienen, póngame, por favor, una cerveza sin alcohol.
-De acuerdo- contesté mientras me marchaba hacia el office”.
Tenía que pensar rápidamente. Estaba con el corazón acelerado, saltaba, palpitaba como si me fuese a explotar. Me parecía a las adolescentes de quince años que se sonrojan por un tímido inicio de pensamiento. No me había pasado nunca nada igual, ni siquiera con el novio que tuve en primer curso de la facultad de medicina.
-Tranquila Emilia, tranquila-me repetía continuamente mientras buscaba algún tipo de zumo.
Con tantos nervios no encontré lo que seguro que había, así es que tomé la decisión de preparar un zumo de naranja natural. Las manos me temblaban cuando deposité el vaso sobre la barra.
-Gracias –dijo el desconocido con una mirada de infinito amor y cariño.
-¿Puedo preguntarle cómo se llama?
-Llámeme Miguel. Pues en verdad no importa mi nombre. ¿Y usted?
-Emilia,-respondí-,pero dígame ¿Qué le trae por aquí? Parece que usted no es como los demás clientes.
-¿Conoce la historia de Osiris? –interrogó Miguel con tono prudente y considerado.
-Solamente me suena el nombre. En algún curso de historia tal vez lo haya estudiado, pero fue hace tantos años, que no recuerdo nada más.
-Tal vez le apetezca que hablemos sobre el tema.
-Miguel ¿Me ha dicho que se llama verdad?
-Si.-contestó sonriendo el hombre misterioso.
-Tenemos un “reservado” más tranquilo. Quizás le apetezca que continuemos la conversación en ese saloncito.
-Estupendo.
Mis amigas me observaron con enorme curiosidad y yo evadí sus miradas cariñosamente ávidas.
-Dios. Creo que nunca la he visto tan embelesada- oí decir a Isabel mientras pasaba cerca de ellas.
-Es verdad. Siempre ha sido tan distante y fría que es increíble cómo mira a ese desconocido.
Y sonreí eufóricamente al escuchar aquellas apreciaciones sobre mi persona.
-Lo cierto es que –continuó el hombre misterioso -una vez ubicados ambos en el aislado reservado- tampoco conozco con todo lujo de detalles la mitología egipcia, sin embargo, para mí, lo más esencial es que dice que el cuerpo de un dios fue fraccionado en múltiples trozos.
Estaba tan embelesada mirando su hermoso rostro que perdí durante unos segundos toda la concentración en lo que me decía. Miguel sonrió como si supiese lo que estaba pensando y me dijo.
-Parece que no tiene mucho interés en lo que le estoy explicando.
-¡Nooo! Al contrario. Sólo que estoy tan contenta, que me despisto.
-Bien-prosiguió- seguro que ha escuchado mil veces que todos somos uno.
-Sí. Realmente son todos unos pesados aseverando lo que continuamente la vida desmiente. En ocasiones no hay nada más que una lucha terrible por el dinero y el poder, tanto en los de arriba como en los de abajo. Así es que no creo en esas patrañas de la iglesia o de los predicadores, sean de la confesión que sean.
-Me parece consecuente que piense así Emilia. Podríamos dejar aquí la conversación y el día que lo desee vengo a visitarla. No me importa si le tengo que pagar cada hora que hablemos.
-Por dios, Miguel. Para mí es un maravilloso placer estar hablando con usted. Respecto al dinero, soy una de las dueñas, y por lo tanto no tengo que dar explicaciones sobre la utilización de mi tiempo en el trabajo. Yo sería inmensamente feliz si pudiese venir mañana otro ratito.
Miguel me miró con unos ojos tan profundamente amorosos, que apenas podía resistirlos. En cualquier momento me derretiría como un helado al sol.
-Gracias Emilia.
-Hasta mañana Miguel-le dije en el momento de abrirle la puerta como si fuese el cliente más importante del mundo.
-Hasta mañana.
Mientras le veía marcharse bajo las luces de neón de la calle, mi corazón ardía. Era puro fuego. Era como si un anhelo devorador me hubiese atravesado de una punta a otra del pecho. Y antes de darme cuenta había deseado abrazarle y besarle. Me asusté al verme pensar de esa forma. Yo, Emilia, la mujer que dominaba y trataba a todos los hombres cuales simples marionetas.
Texto de EVERO agregado el 21-04-2008. La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net
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