Los fantasmas no existen pero…
Cada noche Giuliana escuchaba movimientos de sillas y murmullo de voces. Hacía poco que vivía en la casa, pero algo raro se percibía en el ambiente. ¿Un aroma? ¿Una presencia? No lo sabía. Pensaba que era su imaginación, pero algo comenzaba a agitar su miedo. En la pared del living una bella pintura parecía que cobraba vida y el hombre del cuadro la seguía con una mirada que no era amable, tenía un destello de ira.
Hacía dos meses que alquilaba la vivienda. No era muy grande pero lo que la convenció era un salón que había sido usado como atelier. Era amplio, dos enormes ventanales lo iluminaban. El piso de madera le daba calidez y sus dimensiones eran justas para su trabajo.
Giuliana era pintora, sus trabajos se vendían poco, pero no cejaba en su pasión. Algún día llegará el éxito, pensaba.
Una noche despertó desesperada, había soñado que el hombre del cuadro la perseguía.
Se levantó recorrió la casa en silencio. Abrió la ventana y el perfume de la noche le llegaba desde el jardín, intentaba sacarse el miedo respirando hondo, pero el seguía allí.
Se acostó nuevamente y se quedó dormida.
Por la mañana recordando la pesadilla se estremecía.
Fue a la inmobiliaria para preguntarle al vendedor por los dueños anteriores. ¿Quién era el señor del cuadro? El empleado no supo darle una explicación y consultó con la encargada. Ella le contó:
-El personaje fue el dueño de la casa y el cuadro lo pintó la esposa. Ella lo abandonó y él sufrió una gran depresión, unos años más tarde falleció. La familia alquilaba el lugar y según me dijeron es el único cuadro que la esposa dejó. Los demás se los llevó.
Salió del negocio pensando:
-¿Qué me sucede con esa pintura?- no encontraba explicación.
Pero al paso de los días las pesadillas continuaban. Eran cada vez más reales.
Una noche en su desesperación lo vio claramente de pie, al lado de la cama. Ella se incorporó y sólo atinó a gritar, la voz parecía que se le ahogaba en la garganta.
La fantasmal figura se retiró tranquilamente. Notó que al alejarse rengueaba de su pierna derecha.
Regresó a la inmobiliaria y pidió hablar con la empleada que la había atendido semanas atrás.
Le preguntó como era físicamente el señor del cuadro, le respondió que apenas lo recordaba:
-Miré hace tanto que murió, sólo recuerdo que era muy alto, delgado y tenía el cabello canoso algo más largo de lo normal. Giuliana insistió:
-¿Tenía algún defecto al caminar?
-Si, ahora que lo dice, recuerdo que rengueaba de una pierna. No recuerdo cual.
Llegó a la casa y luego de mucho pensarlo, sacó la pintura de la pared, la puso en el baúl de su coche y partió.
Llegó a un descampado lejos de la ciudad y le prendió fuego.
Las llamas enseguida dieron cuenta del cuadro. En un momento creyó que la imagen se reía, era efecto del fuego que fundía la tela.
Al regresar, tuvo la sensación que la iluminación de la casa había cambiado, todo le perecía mas agradable y acogedor.
A partir de ese día logró descansar sin sobresaltos, y notó que el jardín que siempre era un lugar triste, se llenó de flores y el verde de las hojas comenzó a ser más brillante.
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