Ocurrió un día de lluvia intensa, de chaparrón. Había ido a hacer unos encargos del trabajo con el coche y en él último, se puso a llover intensamente. Me dirigía corriendo hacia el coche, cuando vi una guapa chica mojándose como yo. Al pasar a su lado, me grito:
- ¿Me puede ayudar a encontrar un taxi?-
Me paré y entonces al mirarla a los ojos me di cuenta que era ciega. Una chica tan guapa y era ciega.
- Ahora la ayudo-
Pero por más que intentaba localizar algún taxi, solo veía vehículos ocupados. Cuando ya llevaba un buen rato, desesperado le propuse que la llevaría en mi coche, que estaba aparcado a la vuelta de la esquina. Entonces, de golpe, la chica empezó a gritar
- Socorro! Socorro!-
Otros transeúntes que pasaban por allí, se acercaron al oírla gritar y le preguntaron que le ocurría. Y ella, ante mi estupefacción, le dijo que yo quería aprovecharme de ella. Uno de los hombres, el más fornido que debía ser paleta, me asió de las solapas de mala manera.
- Maldito cabrón! Aprovechándote de una pobre chica!-
- Hay que llamar a la policía!-
Dijo otro hombre.
- Antes necesito un taxi, por favor-
Dijo la chica. Yo intenté explicarles que no pasaba ningún taxi y solo pretendía llevarla en mi coche, pero como no parecían muy convencidos, me zafé del fornido y opté por huir.
- No huyas, cobarde!-
- Es un violador-
Y así iba yo, corriendo bajo la lluvia hacia mi coche seguido por una turba de ciudadanos que me tenían por un delincuente sexual. Me metí en el coche y un hombre lo vio y se subió en el capó para impedir mi huida. Para colmo, el coche no arrancaba. Llegó otro hombre y empezó a golpear mi ventanilla que yo pensaba que me la rompía. Finalmente arranque el coche y el hombre bajó. Una vez llegue a mi barrio y hube aparcado, aún tenía el miedo en el cuerpo. Juré que nunca más volvería a ayudar a nadie. Pero no es verdad. Al cabo de un tiempo ayudé a otro ciego a cruzar la calle y esa vez no paso nada.
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