La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net - EVERO - 'El Hijo de Osiris o el hombre que amó mil corazones(4)'
El Hijo de Osiris o el hombre que amó mil corazones(4)
-¿Quién es ese hombre Emi? –me preguntaron con ansias de saber Isabel y Juana.
-Lo único que sé de él es que se llama Miguel. ¡Ja! Ja!
-¡Eres muy graciosa! Pero no nos lo creemos.
-Pues es la pura verdad. En realidad lo único que puedo afirmar es que es un loco divino. No sé. Es como si lo conociese de siempre.
-Parece muy buena persona por su forma de andar.
-Sí. Eso enseguida lo sabemos nosotras que hemos tratado con tantos y tantos hombres.
-Entonces... ¿Qué es lo que desea?
-No sé. Tal vez mañana sepa algo más.
-Parecía que te gustaba, pero ten mucho cuidado. Quizás sea un timador o un embaucador.
-Sí, tal vez tengas razón. Deberé extremar las precauciones. Nunca se sabe cómo la gente desea estafar a los demás.
-Esa es mi Emilia. Fría y calculadora. Ja ja ja
Pero, en ese instante nada más lejos de la realidad. Todos años que había trabajado en el club me habían convertido en una mujer amable externamente, pero fría y excesivamente prevenida en mi interior. ¡Y quién puede vivir así toda una vida! Sin sentir el calor de un corazón cercano.
Después de la sonrisa casi obligada y fingida, me tomé la noche libre y me fui pronto a casa. La imagen de Miguel siempre estaba ahí, fija ante mí. Me miré al espejo y casi inconscientemente me peiné, me retocé las cejas y sonreí cuando me dí cuenta de lo que estaba haciendo.
Aquella noche soñé que volaba por lugares hermosos de la mano de Miguel. Que saludaba a muchas personas, y que ascendíamos hacia un lugar de inmensa luz y calma beatífica. Me sentía enormemente feliz y mi corazón rebosaba alegría.
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-Está radiante.-fueron las palabras con las que me saludó Miguel.
-Gracias- Acerté a decir, sintiendo que la cara me ardía-
Pasamos al reservado y en breves minutos de nuevo comenzó a hablar como si no hubiese mediado tiempo desde la anterior conversación.
-Casi todas las mitologías son incompresibles para nuestra mentalidad moderna. Necesitamos imaginar el mundo de una forma más racional. Es decir, adaptar las verdades universales a nuestra forma de pensar.
-El pensamiento de dividir a un dios en múltiples partes no parece algo que se pueda comprender. Incluso si se tiene excesiva imaginación parece hasta un poco macabro-opiné.
Miguel sonrió.
-Sí. Tanto como la gran cantidad de imágenes acerca de la crucifixión de Cristo.
-Es verdad- respondió Emilia.
-Tal vez se podría comprender mejor expresándolo de la siguiente forma.
Emilia escuchaba con atención.
-A grandes rasgos se dice que, al igual que un alma encarna en un cuerpo físico, de la misma forma un Dios, encarna en un planeta.
-Ya. Creo que le entiendo.
-Se dice también que el alma se distribuye a lo largo del cuerpo en puntos de luz. Los más importantes están en el corazón y en el cerebro.
-No lo sabía, pero se me hace curiosamente razonable.
-Entonces ¿No le parece que estoy diciendo algo excesivamente extravagante?
-No en absoluto-contesté. Siempre había oído hablar acerca del alma como una abstracción, así que cuando ha comentado que el alma se distribuye en forma de luz en nuestro cuerpo me ha parecido como si ese mundo se acercase al nuestro. Luz en el cuerpo es un concepto, sencillamente hermoso.
-Conforme el alma va tomando posesión del cuerpo se forman muchos más puntos de luz. Todos ellos están unidos unos a otros por hilos, siendo en realidad una sola cosa. Lo que los antiguos llamaban el “cuerpo de luz” o “cuenco dorado”
-Creo entender.
-Respecto al mito de Osiris, en mi opinión, parece que se refiere a que El Dios de La Tierra o el Ser que habita en ella, se derramó a Sí Mismo a lo largo, ancho y profundo del planeta en millones de trocitos o almas. Era la única forma de dar vida espiritual a la vida material. Así es que podríamos decir que las almas de todos los humanos son en realidad una Única Alma.
-¡Ahora sí que me parece muy interesante!
-De ahí se deriva lo que todos pregonan a los cuatro vientos y casi ninguno se lo cree de verdad: Que todos somos Uno.
-Es muy bonito, pero podría ser simplemente una fantasía.
Miguel sonrió y me miró.
-¿He dicho algo gracioso?-le contesté, herida en mi orgullo por su sonrisa.
-No, en absoluto.
-¿Entonces? ¿Por qué sonríe así?
-Es porque no tiene en cuenta algunos hechos que han pasado desapercibidos para usted.
-¿Como cuales?
- Ayer me abrazó a la entrada del local y cuando caminaba por la calle me volvió a abrazar de nuevo, además de besarme con enorme cariño y afecto.
-Dios. ¿Cómo ha sabido mis pensamientos?
-Bueno, es que lo que se denomina pensamientos, a veces no son únicamente eso.
-No le entiendo.-La verdad es que estaba encolerizándome por momentos.
-Hay varias clases de pensamientos. Unos que se quedan en nuestro cerebro, y otros que salen disparados del mismo sin que nosotros lo sepamos ni seamos conscientes de ello.
-Eso es imposible.
-No Emilia. Le acabo de dar una prueba de que yo sentí sus pensamientos.
-No Miguel. Lo único que parece es que usted tiene telepatía. Es decir que ayer leyó mis pensamientos. Y tampoco es para tanto. Muchas personas, dicen que lo hacen.
-Ya- dijo sin perder la sonrisa. Entonces-continuó- ¿Ayer no notó nada más?
-Ayer estaba muy eufórica. Eso fue todo.
-Entonces... ¿No percibió algo más?
-No
-Tal vez sintió algo en su espalda a la altura de los omóplatos y en el centro de su pecho a la altura del esternón.
-¿A qué se refiere?
-Como un fuego que calienta y que casi quema.
-¡Ah! Sí. –cada vez estaba más enfadada, casi diría furibunda- Bueno... lo típico que dice la gente cuando se enamora. Pero eso es normal. Todo el mundo siente el fuego de la pasión.
Miguel sonrió.
-Creo –dije gritando- que se está riendo de mi-
-No, en absoluto, respondió tranquilamente Miguel- pero dejaremos la conversación por hoy. Es suficiente.
-Me parece estupendo-respondí, casi increpándole. Me sentía humillada, herida y llena de ira. ¡Quien se creía el tal Miguel!
-Entonces... no hay más que hablar. De momento no volveré aquí. Todos los días paseo por la Alameda de nueve a once de la mañana. Si desea encontrarme estaré cerca del kiosco de la música.
-No creo que vaya. No me gustan los parques-le despedí dando un portazo.
Texto de EVERO agregado el 22-04-2008. La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net
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