Nada más traicionero que la memoria. La recuerdo a fogonazos. La evoco con un tapadito marrón, heredado de mi hermana, los cabellos motudos arrebatados. No había peine que los aplacara. Le cantaban una samba brasilera que estaba de moda en la época;”negra dos cabeos duros, ¿cuál es el peine que titi pentéa...?” Recién a los trece años su madre le permitió hacérselos alisar en la peluquería, porque había tratado con la plancha y casi se quemó un ojo.
Es raro, pero esa niña que fui, aunque dejó pocos recuerdos aflora con insistencia en mis gustos, mis gestos y mis miedos.
|