-¿Por qué me eligió a mí, Miguel?-le pregunté un día por la mañana.
-Por favor. Trátame de tú.
-Disculpe... perdón... "disculpa". Es la costumbre-respondió Emilia sonriendo.
-En realidad yo no te elegí. Lo único que hice fue pasear por la ciudad y como en alguna ocasión anterior hace años, entré en un club de alterne. Nada más entrar ocurrió algo hermoso. Tu luz me abrazó instintivamente. Ya supe que había allí, sumergida en aquel lugar tan alejado aparentemente, y tan cercano al mismo tiempo, a cierta clase de verdad, un alma preparada para dar el salto. Solo necesitaría un pequeño empujón, para aprender un nuevo método de amar.
-Lo cierto es que estaba totalmente desilusionada con la vida. No tenía ningún motivo para seguir adelante. A veces me preguntaba por qué y para qué vivía. Mis padres habían muerto hacía tiempo. Ya no tenía familia, salvo mi tía. ¿A qué podía aspirar? Algunas personas van a la iglesia o a algún lugar donde se ponen en contacto con otros que tienen ideas y aspiraciones afines, pero yo... allí sumergida entre los clientes y las chicas, había desechado toda idea de evolucionar. No había ningún camino a seguir. Todo empezaba por la mañana al despertarme y terminaba al acostarme. Cientos de veces deseé morirme y terminar con una vida tan “sin sentido”.
-Sí recuerdas lo que apunté de ti, era el primer “requisito”: profundo desánimo por la vida.
-¿Por qué es necesario estar desanimada y no tener ilusiones?
-Pues porque solamente un hombre o una mujer que estén descontentos, pueden iniciar un nuevo camino con la esperanza de encontrarlo. Hay épocas en las que nos sentimos llenos. Hemos comprado algo, hemos hecho un nuevo amigo, hemos realizado un viaje, nos han felicitado en el trabajo... un sin fin de pequeños acontecimientos que son en verdad importantes. Pero al final, cuando ya hemos vivido casi todas experiencias, éstas sencillamente y también afortunadamente nos “aburren”. Es cierto que la vida es muy rica en matices y siempre hay algo que ilusione, pero para cierta clase de personas, no es nada más que un puro desierto en el que buscamos algún placer que colme nuestra ansiedad.
-Sí. A partir de cierto punto, ya nada nos llena ni nos agrada y anhelamos algo en lo más profundo de nuestro ser que día a día emerge a la superficie. Y la verdad... no sabemos a veces qué es lo que nos puede colmar de felicidad. No hay camino sencillamente. Y si alguno tiene el suyo, no es totalmente válido sino en líneas generales para otro individuo.
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