Y va el flautista por en medio del desierto. Se ven siluetas negras de los, alguna vez, valientes hombres que querían cruzarlo. Pero que por culpa de sus propósitos, llenos de vanagloria y deseos egoístas, no lograron cruzarlo. Y se ven las sombras, espíritus de muerte, exiliados eternamente en esas yermas tierras. Viene la tormenta. Nubes de polvo tratan de arrasar al flautista. Él no vacila, solo camina tocando su preciado instrumento. Una melodía, mezcla de dolor, agonía, felicidad y honor, que resuena en todo ese gran espacio. Se mezcla con el sonido del viento. Otra tormenta. Vuelven a azotarlo. No cae. Es un ser fuerte, de corazón puro ¿Cuál es su propósito? Nadie lo sabe ¿Es un hombre? Tal vez no...Quién sabe si se trata de un ángel caído que camina errante con la esperanza de que Dios vuelva a tomarlo. |