La Página de los Cuentos
Tu comunidad de cuentos en Internet
[ Ingresa
|
Regístrate ]
Menu
Home
Noticias
Foro
Mesa Redonda
Eventos
Enlaces
Búsqueda

Cuenteros
Locales
Invitados


Inicio / Cuenteros Locales / Maj8 / LA CALLE DE LOS HOMBRES ILUSTRES

 Versión para imprimir  Enviar a un amigo [C:349538]

Se hicieron imprescindibles en el panorama desolador de la calle. De haberse tumbado un poste, plantado cien arbolitos o demolido una casa, tal vez no se hubiese notado tanto. Pero si ellos faltaban, sí que había una silenciosa sensación de vacío invadiendo la cuadra.

Parecían ser el ombligo mismo de la calle, ya que la primera visión de cualquier vecino al despertar eran ellos ahí afuera en la acera, conversando tan campantes, y ese mismo vecino al irse a acostar y correr las persianas de su largo día, se grababa en su mente, quizá para soñarlos, a ellos, que seguían sentados platicando, en la tertulia y con sus cervezas a los pies.

De día se la pasaban a la sombra, mirando pasar a las muchachas, a las amas de casa, a los obreros, viendo el trabajo de los demás que siempre es divertido: observando pasar la vida montada en cualquier vehículo imaginable mofándose de ella y su solemnidad.
De noche, al calor de sus bebidas espirituosas, eran los grillos con su monótono alegato, queriendo arreglar el mundo desde esa arteria citadina, perdida para el resto de la humanidad. En esas ocasiones que vestían la calle de carnaval, los vecinos molestos llamaban a la policía con toda la mal sana intención de transplantar esa alegría en la comisaría; mas los patrulleros de la zona ya los conocían, tanto, que e incluso los cuidaban y hasta brindaban con ellos de vez en cuando

Vivían de sus pláticas, de sus bromas, de sus silencios. No eran la típica bolita que intimidaba o daba lástima; ni buenos para nada, ni vándalos. Todos, bien que mal, de alguna u otra forma se ganaban la vida, puesto que no eran vagos ni teporochos. Más bien eran una especie de bohemios o poetas fuera de serie, que no deseaban enriquecer a los cantineros con su escaso dinero, ni querían plasmar en inmaculadas hojas de papel blanco sus teorías e ideas visionarias. Pensar que todavía hoy muchos piensan que hablaban trivialidades o estupideces.

Un domingo cualquiera podías encontrarlos encaramados en el techo de alguna casa o en el automóvil de algún amigo, eso sí, con sus cervezas; pero lo mismo era un fin de semana que cualquier otro día. El calendario y los horarios para ellos no existían.
A veces podía faltar alguno pero siempre encontrabas a alguien tomando el sol, espantándose los sueños o reposando la resaca.
Si lo hubiesen radiografiado cuando estaban ahí sentados, tal vez hubiesen visto a los antiguos niños que correteaban por la misma calle muchos años antes. Quizá en esos momentos de silencio y de sólo contemplar las sombras de la calurosa tarde se veían así mismos en su feliz infancia.

La calle de los hombres ilustres fue bautizada así por quienes se burlaban de la forma en que “desperdiciaban la vida”. Así la llamaban también los mecenas, caídos del cielo igual como los milagros suelen llegar, que no eran más que esos amigos que invitaban las siguientes rondas cuando los bolsillos se secaban.

Con ellos, los hombres ilustres, me enfrasqué en controversias profundas sobre moralidad o filosofía; emití críticas severas al sistema político, al modus operandi de la humanidad e igual nos enredamos en los temas inconciliables, y también, me ahogué en botellas de cerveza y ron; me embebí en los recuerdos, reí y nunca lloré.
No es porque yo haya vivido en esa calle, ni porque los haya conocido, el que ahora escriba sobe ellos con cierta nostalgia, ni porque en realidad hayan sido hombres ilustres, ya que ninguno trascendió el limite de su calle, si no por que fue ahí donde vi, aprendí y supe que la vida es sencilla, sin complicaciones, que esa es su esencia: Mirarla pasar montada en bicicleta y reírse de ella.

Un comité de ciudadanos, encabezado por quien esto escribe, ha solicitado cambiar el actual nombre de la calle por el de “Los hombres ilustres”. Se están haciendo las gestiones necesarias.

Texto agregado el 26-04-2008, y leído por 33 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
2008-05-24 15:03:01 Cuantas veces nuestra propia calle no tuvo a sus hombres ilustres? Nostalgica narración, muy bien llevada, con oficio..."Quizá en esos momentos de silencio y de sólo contemplar las sombras de la calurosa tarde se veían así mismos en su feliz infancia." Me gustó esa frase...SAludos pejesaurio
 
Para escribir comentarios debes ingresar a la Comunidad: Login


[ Privacidad | Términos y Condiciones | Reglamento | Contacto | Equipo | Preguntas Frecuentes | Haz tu aporte!]