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Inicio / Cuenteros Locales / fabliver / El Trámite Municipal (El enamoradizo)

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EL TRAMITE MUNICIPAL.-
Avanzaba apurado por la vereda mientras se secaba con un pañuelo amarillento el sudor de su frente. Su camisa a cuadros dejaba bastante que desear en cuanto a buena presencia. Sus ralos cabellos radicados en la parte posterior de su cabeza, lucían sucios y opacos. Su calvicie galopante dejaba al descubierto algún que otro horrible lunar y desagradables pecas. Su bigote descuidado estaba algo manchado de tuco, y sus axilas mojadas parecían albergar el cadáver de un pericote.
En el municipio de Gral. Bustos Iñiguez, se vivía un intenso verano con aplastantes temperaturas que llegaban hasta los 44º grados. Era un hervidero de mosquitos y alimañas reptantes. Lisandro Boticelli necesitaba instalarse en ese pueblo, ya que la comuna de Comodoro Liechtenstein no lo estimaba como se merecía. Todo estaba correctamente dispuesto para que en breve comience a desplegar sus actividades al lado de la escuela nocturna Don Juan de Garay, vulgarmente conocida como la “cuevita del amor”, afamada por otorgar el título de instrumentador quirúrgico diplomado, en un curso intensivo de dos meses. Necesitaba dinero y decidió poner en venta la casa de su abuelo materno, que se encontraba en Gral. Bustos Iñiguez, su pueblo natal, de donde había emigrado hace unos veinte años con esperanzas de un mejor porvenir (que jamás llegó), y al cual volvía con nostalgia. Un comprador interesado se presentó con una oferta interesante, requiriéndole todos los libres deudas que correspondan para cerrar la operación en forma exitosa.
Lisandro decidió ir a la municipalidad a pedir un informe de las deudas que pesaban sobre el inmueble. Llegó por fin y agradeció a Dios que no hubiese una cantidad exagerada de gente, no porque le molestase esperar sino porque le indignaban las multitudes bulliciosas y quejumbrosas. Especialmente los comentarios de viejas o viejos rezongantes, que proclaman a viva voz “... antes había mas respeto, ...ahora usan arito,....tendrían que volver los milicos , ya van a ver como se termina este carnaval!...., en mis tiempos un kilo de papas se conseguía a un peso de los de antes, hoy es un robo! Deberían matar a los verduleros que la van de pícaros!...”. Todo este compendio de frases y aforismos de la clase veterana, le taladraban los tímpanos y el cerebro a Lisandro.
Ingreso al edificio de la comuna, sacó un número y espero su turno. Pasaron los minutos y aun no era atendido; por lo que considero que la oportunidad era propicia para evadirse de la realidad con la mente. Se sentó placidamente, y comenzó inconscientemente un repaso por su vida amorosa. Pero muy a su pesar fue interrumpido por un viejo que estaba a su lado. El hombre abrió el dialogo diciéndole:
- Que tiempos no? Antes había mas orden acá que ahora. Yo fui concejal en la época de Onganía, ese si que sabía gobernar. Usted iba al almacén y siempre conseguía un kilo de arvejas a menos de la cuarta parte de lo que vale ahora,....
No alcanzó a concluir su frase y Boticelli lo interrumpió secamente:
- No me venga con pelotudeces abuelo, usted esta comparando precios y no tiene en cuenta que es diferente la moneda actual a la de ayer, no puede comparar...
- Como que no? Si yo tomo como parámetro comparativo el valor de la divisa norteamericana popularmente conocida como dólar, por lo que mi análisis es absolutamente procedente, sensato y provisto de rigor científico. Además me tomé la libertad de comparar el PBI de aquella época con el de hoy, y sabe que? Resulta que...
Boticelli se indignó y lo interrumpió nuevamente:
- Escúcheme anciano decrépito, no me importa nada de lo que dice, le sugiero que me deje en paz, o en caso contrario lo desfiguraré hasta dejarlo en terapia intensiva, no lo quiero volver a oír, clarito?.
La discusión llego a su fin sin mayores inconvenientes y Lisandro retomó el curso de sus estorbados pensamientos. Recordó a su primer gran amor, la regordeta Miranda, dueña de encantadores atributos, pechos generosos que invitan a imaginarse como un bebe hambriento dispuesto a extraerle hasta la ultima gota de leche, después continuó con la colorada Zapiola, que lo dejó boquiabierto cuando le succionó el miembro con calzoncillo puesto y todo. Y después...., no supo con quien continuar ya que estas dos mujeres fueron las únicas que toco en su vida. A partir de ahí su vida fue un duro peregrinar de imaginación e ilusiones truncas, que se desvanecían conforme surgiese una nueva destinataria de sus expectativas. Se sentía algo triste por ello.
De repente su mente dejo de divagar. Sucedió algo extraordinario. Apareció ella saliendo del despacho del intendente. Una mujer increíble que lo deslumbró como casi nunca. Hacía como una semana que no veía una mujer que le fascine tanto como ella. Inmediatamente su estimulado cerebro comenzó a proyectar imágenes del desarrollo del romance. Se imaginó esperándola a la salida de la Municipalidad, con un ramo de rosas sutilmente escondido en la carrocería de su camioneta 404. Fantaseó con el rostro encandilado de ella, al revelarse la sorpresa. Luego irían al cine, pasearían por el shoping, bailarían al ritmo de la música electrónica y reirían como locos mientras caminan embriagados de licor y de amor, por algún boulevard transitado; proclamando el gran amor que nació a los cuatro puntos cardinales. También alquilarían películas, para disfrutar en las noches de invierno; aunque seguramente discutirían por la temática; el se imaginaba fingiendo enfado cuando ella alquile el diario de Bridget Jones, para después solucionar todo con un beso apasionado, acompañado de sonrisas y golosinas. Que feliz que serían!. Sí; esta vez Lisandro se había enamorado perdidamente de esa maravillosa mujer a la que pudo apreciar por dos minutos. No cabían dudas de que el Amor se había hecho presente sin golpear la puerta. Lisandro no sabía como calmar la serpiente que se retorcía en su estomago, o mejor dicho las mariposas que revoloteaban sin cesar.
Pero de pronto, su atención se desvió. Observó al joven cajero de la sucursal del Banco de Coquimbo. Había pasado hace un instante al volver del baño. Estaba pulcramente afeitado y se percibía el aroma a after shave “Wild Country”. Su corbata lucía impecable, mientras sus ágiles y experimentadas manos colocaban los sellos con categoría y/o contaban dinero. Su cabello con gel, proporcionaba a su fisonomía, los rasgos de un ganador innato. Lisandro comenzó a sospechar que entre ese joven y su amada anónima, podría existir un romance; es más,... seguro que existía. El no vio absolutamente nada que lo confirmase ni lo sugiriese; pero el presentimiento era muy fuerte. En su febril imaginación se comenzaron a formar las imágenes del empleado bancario y su amada. Seguro que se enviaban mensajes de textos cómplices, programando quizás alguna juntada furtiva. Ideando emocionantes planes para burlar la atención que les prestaba algún molesto jefe de área; seguramente censurador de los amores laborales. Luego se encontrarían en la plazoleta de siempre, se besarían con pasión y dulzura; perfumados con el primaveral aroma de flores del naranjo. Luego se encaminarían a un hotel, o quizás hacia la hierba de algún paraje solitario y acogedor; y una vez allí...el sexo mas desenfrenado posible, la locura pasional llevada a extremos que ni el más fanático del tantra pudiese concebir; llevarían a cabo piruetas carnales libertinas y escandalosas. El solo hecho de imaginarse las lúbricas cabriolas de esos depravados, aguijoneó un odio furioso en Boticelli.
Su posible futura novia se transformó en una maldita infiel. Como podía ser que fuera tan asquerosa!, Lisandro se convenció de que lo mejor era vengarse de esos canallas que lo ridiculizaron y jugaron con sus sentimientos. Los mataría de la manera mas horripilante posible. Les esperaba una muerte lenta y macabra, se desangrarían como cerdos. Pero nuevamente Lisandro desvió su atención, afuera había una hermosísima mujer policía que rápidamente le hizo olvidar su frustrado romance, ella sería su nuevo gran amor, al fin encontró la mujer de su vida. Pronto se dio valor y decidió salir del municipio para encararla. Sin embargo el despecho por su amor frustrado aun seguía, por lo que se vengó gritando rabiosamente:- ¡ Perra hija de una gran puta, prostituida de mierda, ojala te vaya bien con el recontraculiado del banquerito!, Vos me perdiste por que se te antojó yegua reventada!.
La pobre muchacha se ruborizó, y quedo atónita y extrañada por ese insulto inesperado y desconcertante, el resto del público también quedó boquiabierto.
Lisandro salió orgulloso, encendió un cigarrillo seductoramente, avanzó hacia la mujer policía con un sensacional piropo que se había inventado sobre la marcha, era tan bueno que no podía fallar. Para ese entonces, ya se estaba imaginando un viaje a San Clemente del Tuyú con ella. Llegó a lado de la bella policía y le susurró:
- “Que pena que mi prontuario en el amor tenga tan malos antecedentes, aunque yo siempre me entregué, siempre resulté condenado; que mas quisiera yo, que por vos ser encarcelado, que me encierres en la celda de tu corazón bajo cuatro llaves, que aseguren cuanto me ames, no quiero fugarme de tu custodia, estaré a gusto preso de mis sentimientos y no me fugaré jamás; aceptaré con placer tus picanas de lujuria”
La policía lo miró con desdén y le reprochó:
- Que atrevido! Bastante flojo el piropo estrafalario que me dedicaste, pero a pesar de todo me llamaste la atención y tengo ganas de salir una de estas noches con vos para que...
La oficial no termino de concluir su frase y sus ilusiones se desvanecieron tan pronto como llegaron, Lisandro Boticelli tenía la mirada perdida y embobada, comenzó a dirigirse a una hermosa muchacha de unos quince añitos que volvía del colegio e hizo oídos sordos; se acababa de enamorar nuevamente.

Texto agregado el 26-04-2008, y leído por 14 visitantes. (1 voto)


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