Hermano
Al olvido lo armo de reproches;
lo cotidiano se revuelve ante tu rostro;
tus ojos ya adormecen al Mediterráneo...
¿ Será celeste o reluz esmeralda?...
o el brillo de aquella sonrisa a la que teme hasta la muerte.
Tu cuerpo, la carne de mi carne,
se fundirá con la piedra entre gusanos;
será savia de Morera, la que adorna por fin tu nicho magro;
futura ceniza, sangre de cementerio.
Ya no habrá más dolor,
sólo el mío, y por la necesidad más sordo que ciego;
ni la esperanza de alcanzar un pedazo de cielo en tu infierno,
ni tu infierno en un cielo sin motivo;
ambos seguirán guiándome la mirada.
Te rompió la voluntad el martirio,
cansado de sufrir por un sueño roto.
Y te fuiste, solo, con tu locura y el llanto.
No fue la muerte, sino tú quien la abrazaste.
Te guardo en el recuerdo,
en la llama de aquella infancia
y ésta en mis últimos días,
hasta tu afecto sane y sea libre, sin miedo,
hasta que mi corazón se pudra como lo hace ahora el tuyo,
y ambos, seamos más que extraños,
hermano mío.
Churruka, 29.04.2008
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