Una de las razones más importantes por la que he escrito este pequeño libro, entre la fantasía y la realidad, es la de recordar y desgranar el maravilloso misterio de Miguel. Los días placenteros de la primavera transcurrían inmarcesibles. Creo que una de los regalos que puede ofrecer el destino es, en muchas ocasiones, el fuego con el que nos va moldeando la vida. A veces es triste ver a esas personas que siempre han tenido de todo y que no lo han conseguido por ellos mismos sino por sus padres. En la mayoría de las ocasiones son altivos, orgullosos y egocéntricos. Se miran al espejo y piensan que los demás se deben de arrodillar allí por donde pasan. Suelen ser, en ocasiones también, inteligentes, pero carecen de humildad. Ellos son. Se sienten así. Ven a los demás como inferiores y en ningún momento piensan que lo más valioso de un ser humano es su corazón y su inteligencia. Y a veces La Vida les da un buen coscorrón. No es que se lo “regale” a ellos. El rasero de las circunstancias es igual para todos, más tarde o más temprano. Y comprendiendo esto, puedo en cierto modo sentirme agradecida porque sufrí tantas humillaciones que aplacaron, pero no exterminaron, mí orgullo. Y ello me permitió estar atenta y agradecida cuando alguien me ofrecía un pequeño regalo de sabiduría o bondad.Estaba tan acostumbrada a no pedirle nada a esa Imparcial, Impertérrita e Impersonal Vida, que cuando toqué el corazón de Miguel, estuve despierta y presta a tan preciado regalo.
Ni en aquel instante, ni en todos los que siguieron,supe si Miguel era rico, o pobre, famoso o desconocido. Simplemente fuí testigo de que su Amor, como una onda que todo lo abarca y comprende, me había envuelto. Solo había Amor que no pedía. Amor que iba más allá de las apariencias. En verdad debía de ser un Hijo del Dios Solar, pues su corazón semejaba un centro de Vida,Libertad a la vez que, paradójicamente, Atracción.
|