-¿Sabes cuantos años tenía entonces?
-¡Claro! Dieciocho.
-Es verdad. Lo había mencionado al hablar del tiempo que permanecí en un internado.
Miguel era en verdad el primer amigo que tenía en mi vida. Yo era muy guapa y los hombres realmente se fijaban en mi físico. Y encontrar un hombre que me hablase del fuego del corazón, sin tener intenciones puramente físicas era tan hermoso que el solo hecho de estar con él, me llenaba de alegría. Amable lector, el relato que yo creía poder resumir en diez páginas, se está alargando, te ruego un poco de paciencia. Pues para mi, es como revivir aquellos momentos tan dulces que experimenté.
-¿Y cuántos años tenía ella? Pregunté.
-Quince.
-¡Por Dios! ¡Era una niña!
-No. ¡Éramos unos niños! Pero eran otros tiempos. Date cuenta de que hacía escasamente cien o doscientos años que la gente casi moría a los cuarenta años. Entonces la vida era mucho más rápida. Para que te hagas una idea. ¿Sabes con qué años se comenzaba a trabajar en las fábricas?
-Con dieciséis.
-No. Con catorce.
-Sabes a que años se incorporaban a filas los legionarios romanos, tampoco hace tanto: menos de dos mil años.
-No
-A los catorce.
-¡Jolin qué pena!
-Sí. Así es que en cierto modo, ya teníamos suficiente madurez de acuerdo a los tiempos.
-Y para que no te hagas ilusiones, y pienses que fueron unas relaciones sexuales fuera de la costumbre de aquella época.
-¿Sabes cuanto tiempo tardé hasta que me atreví a darle un beso en la frente?
-Una semana. Dije, pensando que ya era mucho tiempo.
-Dos meses y diez dias.
-¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! Casi no me lo creo.
-Sí. Así fue. Éramos ambos extremadamente inocentes.
-Sin embargo, tú tenías tus necesidades sexuales. Sentías ya un impulso.
-Bueno. Lo resolvía como podía-sonrió Miguel. Algo que parecía tan importante hace años, ahora es una simple anécdota.
-¿Llegasteis hasta el final, antes del matrimonio?
-¡Eres muy mala Emilia! Ya te digo que eran otros tiempos.
-A este paso, no me extrañaría que me dijeses que habíais tenido que ir a un curso para aprender relaciones sexuales. Dije entre risas. La verdad es que me lo estaba pasando bien al escuchar aquello incomprensible. Por otro lado sentía un poco de añoranza por aquella época que no había llegado a conocer. O mejor, aquella situación que me era desconocida.
-Todo fue muy poco a poco. Nos encantaba hacer excursiones en bicicleta al monte, y allí algunas veces nos acercábamos un poquito el uno al otro. Y eso era todo.
-Que bello.
-Todo en la distancia parece hermoso, pero siempre tuve mis pequeñas dificultades. El verdadero problema vendría sobre la edad de veintiocho años. Donde las líneas del misticismo innato y el problema del sexo se fundieron en un único punto de tensión. De tremenda tensión que desembocó en lo que podría decirse como la etapa del “Discípulo Triunfante”
-No había escuchado nunca esa palabra.
-En cierto modo, los seres humanos, al igual que cuando estamos dentro de nuestra madre, vamos pasando por las distintas etapas que los seres vivos han tenido en la Tierra hasta llegar a la forma humana. De la misma forma se dice que durante los primeros años de nuestra vida vamos recapitulando todo lo ocurrido en nuestra evolución como almas. Y parecidas situaciones se vuelven a replantear de nuevo.
-¿Cómo puede ser eso?
-Según los expertos, todas las virtudes y defectos, o mejor expresado, nuestra forma de actuar se convierte en un hábito y cuando morimos en un recuerdo que se almacena en el Alma que encarna y desencarna.
-¿Y?
-Pues que cuando volvemos de nuevo a la vida, aunque no nos acordamos, si que tenemos unos hábitos, un carácter, una forma de hacer frente a los problemas. Esa cualidad innata es la que en definitiva provoca alguna serie de circunstancias. Como es evidente un ser humano no crea el ambiente, pues es algo que le sobrepasa. Pero sí que es verdad que todos conocemos el caso de aquel que siempre está en el punto de mira de todos. O que allí por donde pasa es una fuente de dificultades. O aquel que es una bella persona y es una bendición para los que le rodean. Incluso hay niños que vienen tan perfectamente equipados que incluso en épocas de escasez y guerra, sobresalen por su corazón, cuando si hubiesen sido víctimas de los hechos históricos, habría sido consecuentemente pendencieros y vengativos.
-Conozco el caso de algunas de las señoritas de compañía que así ha sido. Han ido de mal en peor hasta desaparecer del mundo. Otras por el contrario han podido superar las dificultades.
-Es difícil saber hasta donde llega la influencia de la esencia de cada persona y la influencia de las circunstancias externas.
-Miguel... ¿Puedo preguntarte algo?
-Por supuesto.
-¿Por qué crees que soy una mujer pública?
-No lo sé mi bonita Emilia.
-A ti, parece ser que no te importa que así sea.
-Mi bonita brujita. En mi alma tengo grabado algo tuyo.
-¿El qué es?
-La primera vez que entré en tu local.
-¿Sí?
-Cuando me viste, ya te he dicho que me abrazaste con tu pensamiento, tu esencia llegó hasta mi corazón. No importaba nada el papel que representabas en la sociedad. Únicamente el aroma que desprendía tu alma es el que contaba. Porque todo lo demás no era sino parte de la comedia de la vida. Y alguien que desprendía un aroma tan hermoso, no podía de ninguna manera ser alguien alejado del corazón de Dios.
-Miguel.
-¿Sí?
-Ahora me hablas de Dios, y ayer me decías que eras ateo.
-Dije ateo temporal. Necesité años de estudios y meditación para poder resolver la paradoja de la Grandeza del Universo y la relación de su Creador o Creadores con seres tan infinitamente pequeños como nosotros.
-¿Crees que Dios sabe de nosotros?
-Mi bonita Emilia-dijo con un brillo en los ojos-El universo es Una Conciencia sobre otra Conciencia sobre otra Conciencia.
-No entiendo mi bello Miguel.
-Intento decirte que nuestros pensamientos son pequeños movimientos en una Conciencia que los encierra.
-¿Esa Conciencia es Dios?
-No. Es una Conciencia que nos envuelve, pero hay que comprender que a esa Conciencia que envuelve a miles o millones de personas, es envuelta por otra Conciencia que cubre toda la Tierra y que a su vez es Envuelta por una Conciencia de todo el Sol...
-¿Y Dios?
-Dios tal y como utilizamos la palabra no existe. Los grandes sabios le llaman el Innombrable y aun así debido a nuestra pequeñez nos quedamos a mitad de camino de conocer algo que nos supera por su infinitud.
-¿Pero...estamos solos? Le pregunté
No hubo contestación. Miguel me acercó a sus brazos mirándome con fuego de amor en sus ojos. Y de mi mente salieron unas palabras.
¡No. No estas sola. No estamos solos. El fuego que reside en nuestro corazón es la Vida de una Conciencia Inmarcesible. Si sientes ese fuego, sientes La Vida de Un Dios.
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