La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net - gmmagdalena - 'La Evasión'
La Evasión
Ella está sentada frente a la ventana, el rostro vuelto hacia el sol, mirando sin ver. Hace muchos años que su figura siempre se recorta inmóvil en ese lugar; siempre mirando el sol, sin verlo.
No logro acostumbrarme a verla así; me ilusiono pensando que un día llegaré y ella girando su blanca cabeza me sonreirá con los ojos llenos de luz y dirá:
- Hola hija.
Nunca ocurrió, un día su mente se evadió y no regreso más.
- No se puede hacer nada, está en su mundo interior, un mundo que ha creado para sí, dónde seguramente no hay dolores ni pérdidas, se ha evadido de la realidad - dijo el doctor, moviendo muy serio su cabeza - Ella está en paz, no debes interferir, estoy seguro que está con la niña que fuiste alguna vez, con la familia que tuvo y que ya no tiene. Quédate tranquila, es su decisión - concluyó.
¿Qué podía esperarse de un viejo médico de pueblo? Creo que hasta la envidiaba, lo percibí en su mirada. Él la conocía más que nadie, había sido su médico y amigo toda la vida.
Todos los domingos la visito, temprano, cuando los chicos y Francisco aún duermen. Ansío estar con ella, hablándole, con la esperanza de que me responda. Nunca tuve la certeza de saber si me escuchaba, nunca supe si sus oídos se cerraron junto a su vista y a su boca. Sólo tomo sus viejas y arruinadas manos y hablo, hablo hasta cansarme.
Le cuento sobre mi vida, sobre Francisco y su nuevo trabajo en la Curtiembre, sobre los niños y sus avances en la vida, sus pequeños grandes logros que nos llenan de orgullo. Nunca cosas tristes ni preocupantes ¿para qué? no necesita saber que el dinero apenas nos alcanza, que Dieguito tuvo fiebre anoche o que Mariela rompió sus zapatillas y que he tenido que buscar trabajo como doméstica, unas pocas horas, pero es una ayuda para la economía familiar.
Después, la beso varias veces en la mejilla, le acaricio el cabello mientras digo:
- Te quiero mamá, te quiero. El domingo vuelvo, esperame.
Desde la puerta me volteo a mirarla, por un instante la recuerdo fuerte y robusta, laborando frente a mí, una pequeña de trenzas sentada en cuclillas, escuchando sus historias; sus manos moviéndose ágiles en el quehacer hogareño. Aprieto los ojos para que las lágrimas no enturbien la sonrisa que sé no ve.
- Chau mamá, te quiero.
Renuente abandono el hospital, mientras la niña que fui, apoya su cabeza en su regazo y se queda con ella, como antes, como siempre.
María Magdalena
Texto de gmmagdalena agregado el 01-05-2008. La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net
|