“Hoy no quiero tenerte ni olvidarte.
Donde estoy quiero estar, que por amarte,
te habré de amar mejor en el recuerdo”.
Nunca fue fácil una charla con él.
Discutíamos acalorados acerca de nuestras intenciones, de nuestras ideas, de nuestros proyectos, de lo que nos gustaba, y parecíamos hablar idiomas diferentes.
Él insistia en cosas, que, ilusionantes por otro lado, no tenían la solidez de la idea, y constantemente amenazaba con hacerlo, apenas escuchaba nada, tan solo se limitaba a hacer, a exigir, todo cuanto le apetecía.
Sin embargo yo, intentaba calmarle esos voluntariosos ánimos, y le recordaba las veces, en que había tenido que asistirle, cuando caía fuertemente, derrotado, y sin demasiadas ganas de vivir.
La vida es más bella de lo que podemos ver a veces, solo hace falta acertar más en nuestras decisiones -le decía-, y para ello habrá que tomar decisiones; a veces duras, a veces dolorosas, que incluso nos tocará vivir juntos tú y yo, como desastre, pero que a la larga, nuestra calidad de vida, será bastante mejor.
Pero él apenas escuchaba, apenas escuchaba…
Otra vez ocurrió, obligado a recoger de las cenizas los ánimos, que se quemaron casi por él, siempre fue él quien me llevó a estos límites.
En realidad lo entiendo, mejor que sea así, de qué me serviría ser yo sin él, apenas entonces me daría oportunidades, quizás la felicidad no viene dada por una vida correcta y ordenada, … a veces siento que es bueno equivocarse, nos enseña qué camino no era el correcto, y eso es bueno.
Hoy quien escribe aquí no somos ninguno de los dos, -ni él (mi corazón) ni yo-, hoy habla mi dolor. Hoy somos dos sumisos títeres del dolor. Pronto el sueño acabará -el mal sueño-, ya casi amanece. |