MI NOVIA, MI CUÑADITA Y MI SUEGRO. 3
Todo parecía andar sobre rieles, mi cuñadita ocupada con la Facultad, casi no paraba en la casa, así que prácticamente no nos veíamos.
Celina estaba hecha un dulce de leche, cada día más cariñosa, solo mi suegro seguía con su cara de vinagre.
Un domingo Agustina llegó mostrando una pulsera de cascabeles, la movía haciéndola tintinear, recordé el cuento de Mújica Lainez, juguetona me ponía la pulsera en la cara para que viera lo bonita que era.
Después de almorzar mi mujercita insistió para que la llevara a la feria del libro. Yo no tenía ninguna voluntad de salir, soñaba con una siesta de película, pero ante su trompita, accedí.
Al salir un fuerte dolor de cabeza me obligo a retrasar el paseo. Tomé un analgésico y me recosté. Me dormí.
Entre sueños sentí las manos de Celina quitándome la ropa, comprendí sus intenciones y a pesar del malestar, accedí.
En la penumbra de la habitación, mi instinto percibió un perfume dulzón que me levantaba el animo, me olvide de mi cabeza y cumplí con mis deberse de esposo. Pero, en el mejor momento, el tintineo de un cascabel me sobresaltó. Quise encender la luz y no pude, estaba enredado de piernas y brazos con mi compañera. Era Agustina. Ella se reía y no me dejaba mover. Mi cabeza me decía que me levantara y mi cuerpo decía que no.
¿Qué podía hacer? Termine con mi esforzado trabajo y le pregunté:
-¿Y Celina?
-No te quiso despertar, se fue a la feria del libro con mi papá.
-Son las seis, hasta las ocho no van a regresar - me dijo con cara de mala y poniendo trompita de enojada -¿seguimos o cuento todo? Sacrificadamente tuve que seguir.
Sigue...
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