Hay una serie de prejuicios que las sociedades a lo largo de la historia han admitido como verdades, en épocas de autoritarismo e inquisición, odio y resentimiento. Hoy en día la verdad de que un hombre comete un error al mantener relaciones con una mujer fea parece estar muy arraigada, y no lo hago absoluto por el hecho de que aún mantengo una cuota de esperanza, en efecto, siempre existe el sujeto lúcido que puede desprenderse de las cadenas de su sociedad. Hoy me veo encadenado por un prejuicio que no puedo quitarme, pero al menos fui capaz de saber que estaba encadenado y no liberado. Desde hoy sé que no hay razones lógicas para rechazar a una mujer fea, considerando que tales tipos de juicios valóricos no tienen cabida más allá de un concepto estético, o sea, por definición, irrisorio. ¿Por qué habría de admitir un cuerpo delineado y rechazar una masa burbujeante? La única respuesta lógica no se preocupa sobre la causa en si misma sino que sobre la razón de la causa, es decir, y exclusivamente hipotética, “las mujeres feas son rechazadas porque las bonitas atraen más a los hombres”, lo cual suena bastante razonable desde un punto de vista estético, pues cada uno se dirige hacia lo cual le atrae más; pero el grave problema es que lo que se considera hoy “bello” no es lo que buscamos, sino lo que el mercado dice que debemos buscar, meros estereotipos que se nos insertan en el cerebro casi por osmosis. Estamos constantemente sometidos a una verdadera invasión publicitaria que promociona una fantasía, una utopía vacía y pueril, pues nada hay más bello en una mujer rubia perfectamente contorneada que en una mujer obesa. Cuantas veces nos ha sucedido conocer a una mujer fea socialmente, pero tremendamente grata, dotada de una personalidad que la hace resaltar. Cuantas veces nos hemos negado a darle más terreno por el solo hecho de ser fea. Una vez un amigo me dijo que no soportaba a las obesas molestas, que ellas por naturaleza debían ser simpáticas. Se infiere entonces: “las mujeres obesas no tienen el derecho a ser molestas”. No sé si alguien le habrá enseñado a ese idiota, el cual ya no es mi amigo, que además de una Constitución que habla sobre los derechos fundamentales incluyendo la igualdad de condiciones y derechos, ciertos principios éticos de respeto sobre las personas. No me sorprende verlo hoy yendo al gimnasio, tomando bebidas Light y andando con una rubia que no maneja mayor tema que la copucha nacional. Todo esto se trata de una cultura, la cultura de la superficialidad, tampoco se trata de buscar exclusivamente a las mujeres más feas, porque no niego que existan, y prescindir de las bonitas, sino que de escoger conforme a la razón, y esta dice que el amor no se funda ni en la piel ni en los senos, sino que en la personalidad del otro. Y siempre esta es más fuerte, por eso me produce mucha angustia cuando las veo tan desterradas. Podrán acusar que esto es la apología de un “error” que cometeré, pero no me importa, desde este momento todo este tipo de opiniones se desviarán como tangentes en mi cuerpo. Espero que algún día las personas de un futuro mejor miren hacia atrás riéndose de que el algún día se pensó que la tierra era plana y que mantener relaciones con mujeres feas fuese un error. Ustedes hagan lo que quieran. |