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Inicio / Cuenteros Locales / EVERO / El Hijo de Osiris o El Hombre que Amó Mil Corazones(20)

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Creo que aquel nueve de octubre del año dos mil veinticuatro fue una señal de lo que ocurriría exactamente un año después.
Isabel y Lucía compraban de forma compulsiva. La falta de actividad les estaba causando estrés. Por mi parte decidí acercarme al parquecito del kiosco.
Estaba segura de que Miguel se alegraría de verme. Caminé tranquilamente hasta la entrada del parque. Respiré profundamente durante unos minutos mientras recorría el paseo de las fuentes y al llegar al kiosco, sufrí una pequeña decepción pues no había nadie. Miré hacia el montecito al que acostumbrábamos a subir, y decidí continuar un trecho por el sendero que cruzaba la tupida arboleda. Y ahora sí que me sentí inmensamente feliz. Miguel estaba ascendiendo. Aceleré el paso, el corazón saltaba de júbilo y al final terminé corriendo hasta llegar hasta él.
-¡Hola Miguel!
-¡Holaaaaaaaa Emilia! ¡Qué alegría verte por aquí!
-¿Cómo estás?-le pregunté como si no hubiese pasado el tiempo.
-Bien. Creía que no estabas en la ciudad.
-Hemos venido del pueblo hoy.
-A las dos semanas de no tener noticias tuyas, pregunté en el club y tus amigas me dijeron que estabas en las montañas.
-Sí. Al final ellas también se vinieron conmigo.
-Creo que ha sido una decisión maravillosa.
-Sí. Tal vez ahora nos aburrimos un poco. Estábamos acostumbradas a trabajar y trabajar. Y el ritmo de vida de un pueblo de montaña desde el mes de septiembre hasta que caigan las primeras nieves, es un poco lento.
-Así tendréis tiempo para vosotras.
-¿Sabes? He comenzado a estudiar los dos últimos libros que me dejaste.
-¿Ya has aprendido a respirar?
-Creo que sí.
-A ver, demuéstralo.
-Josplis. Me da vergüenza
-Venga-me animó Miguel, sonriendo.
Cerré los ojos y respiré durante seis segundos, pero parece que estaba nerviosa y me detuve.
-Espera que empiezo de nuevo.
Inspiré cuatro segundos solamente, pero bajé perfectamente el diafragma. El aire fresco del bosque penetró hasta el fondo de mis pulmones y supe que lo había hecho bien, pues en seguida ese fresquito que parece que llega hasta el final del estómago me relajó totalmente. Contuve la respiración dos segundos y luego saqué el aire pausadamente contando otros cuatro segundos. Y de nuevo me mantuve quieta otros dos segundos para empezar con enorme avidez a respirar y llenar mis pulmones. Pero... bostecé
-Es verdad que has aprendido. Muy bien Emilia.
-Gracias-respondí toda ufana.
-¿Sabes por qué has bostezado?
-Porque estaba relajada.
-Sí. Si se hace bien, a veces ocurre que bostezas y de esa forma todavía oxigenas más los pulmones.
-También he practicado con las esferas de colores.
-¡Alaaaa!
-Sí. Algunas veces creo que me he sentido como más alegre y vital.
-Entonces ya eres una especialista-bromeó Miguel.
-No. Soy super experta.
-Sí. Ya te has doctorado en Magia.
-Claro-continuamos bromeando.
-Caminemos-sugirió Miguel.
-Estupendo.
-Creo que se pueden aprender varios “trucos” y mejorarse a sí mismo. Dos muy importantes son uno, el de respirar profundamente, y otro, el de manejar la luz de las esferas. Los dos son muy importantes. Respirar durante unos minutos al día, sin extravagancias, sino como lo has hecho ahora, es suficiente para las personas “normales” que somos nosotros. A pesar de ello, al principio sobre todo, intentamos aguantar la respiración hasta que no podemos más y hacemos barbaridades. Pero acostumbrarse durante unos años a un tranquilo paseo respirando de esa forma cambia la vida. Las personas pierden el nerviosismo que provocan los acontecimientos diarios y se habitúa a un nuevo ritmo. De ser alguien que tal vez ha tenido los nervios a flor de piel, se trasmuta en una mujer o un hombre tranquilos y serenos. También es cierto que ese hábito se extiende a todas las facetas de la vida, por lo tanto en el trabajo, actuamos con serenidad, y ello nos permite generalmente no ser envueltos por la voracidad de algunos jefes. Como ya has leído, la respiración profunda, oxigena mucho más el organismo y nos aporta una vitalidad extra.
-¡Y se siente uno tan bien!
-Sí. Además tiene más beneficios. Por ejemplo. Hay personas cuya forma de “pensar” es un “darle vueltas y mas vueltas al mismo tema” y su cerebro parece una máquina que no puede salir de un bucle. Así es que cuando nos dedicamos a respirar, por varios minutos dejamos tranquila la máquina y solo se dedica al hecho de contar y hacerlo bien. Y ello ya es otro beneficio añadido. Pero hay más peculiaridades y que todavía no se han comprobado por la ciencia médica, salvo por los resultados que podría observar en quienes mantienen un ritmo adecuado tanto de respirar como de vivir que en realidad es su consecuencia.
Estaba feliz escuchando aquellas palabras tan relajantes, porque no eran solamente una sucesión de fonemas, sino que estaban impregnadas de la sabiduría adquirida a lo largo de los años. Y en ellas había un grito de ánimo.
-¿En qué piensas Emilia? Creo que te has ido un poco de la conversación.
-No. Es que estoy muy feliz.
-Bien. El tema de las esferas de luz, para mí, es muy importante y que en principio tiene que ver con la respiración también.
-Eso no lo comprendo-le dije.
-Es que realmente es difícil de comprender. Por mi parte, tengo la comprensión práctica. Es decir, que sé a ciencia cierta cómo funciona, pero solamente puedo aportar algunas insinuaciones leídas y alguna especulación sobre el origen de la causa en el plano del pensamiento y el efecto en el plano de la energía física. Pero el hecho es que funciona.
-Cuando visualicé una esfera de luz blanca, grande rotando sobre mi cabeza y luego seguí visualizando cómo su luz se vertía por encima de mi cuerpo, me sentí viva. Pero es un ejercicio que se me hace difícil.
-El proceso completo lo dejaremos todavía para más adelante. Por ahora podríamos hacer el siguiente ejercicio.
Caminamos tranquilamente por un parque. Cuando el proceso ya se ha hecho muchas veces, se puede hacer en cualquier lugar, entre el estruendoso tráfico de la ciudad incluso. Bien. Seguimos. Respiramos pausadamente. Según el día, incluso podemos ampliar hasta seis u ocho, los segundos de inspiración. En ese momento imaginamos que en nuestros pulmones entra la paz, la armonía y la belleza con cada bocanada de aire. También se puede visualizar que entra esa paz y esa armonía en una esfera de luz blanca sobre nuestras cabezas. Después al expulsar el aire, dejamos que esa luz se vierta suavemente por nuestro cuerpo, incluso como si fuese agua que resbala por nuestra piel y nuestro interior.
Cuando se hace correctamente, es una experiencia maravillosa. Si bien es cierto que cuesta un poquito de tiempo.
-¿Por qué es así? ¿Por qué nos sugestionamos?
-No. No es sugestión.
-¿Entonces?
-Explicarlo teóricamente, requiere hablar sobre la constitución del hombre y del Universo.
-Josplis.
-Sí. Así es. Por un lado aprendemos el ejercicio practico y por otro estudiamos la teoría. Date cuenta de que estamos dando un paso hacia otro mundo.
-¿Qué significa?
-Quiere decir que debemos ampliar nuestra visión del Universo. Y comprender que hay algo más allá del cuerpo físico. Es por ello que la magia funciona.
-¿Miguel?
-¿Sí?
-Te pido disculpas
-¿Por?
-Porque a veces me enfado contigo. Y desconfío de tí.
-No te preocupes. Es lo más normal del mundo. Es casi imposible cuando el amor que brota de un corazón extraño es totalmente altruista.
-Sin embargo, creo que gracias a tu aparición, mi vida y la de mis amigas ha cambiado para bien.
-A veces necesitamos un casi insignificante gesto, un pequeño milagro que nos ilumine y nos recuerde que hay un más allá de la apariencia y la limitación que surgen de la vida cotidiana.
-¿Necesitamos ilusionarnos por el alma que tenemos tan olvidada?
-Sí, Emilia. Así es.
-Gracias Miguel.
-No tiene importancia. A todos nos han ayudado. Así pues ¿Qué hay más natural que aparezca alguien que en ocasiones nos tienda una mano para redescubrir el camino del alma?
Descendimos entre el bosquecito de hayas. Había una fuente de estilo antiguo. Básicamente un tubo o caño que vertía agua casi helada y extremadamente clara. Bebimos cogiendo aquel agua de la vida con las manos. Y sonreímos. Yo había comenzado a andar y Miguel me llamó. Me volví y el muy travieso me roció la cara con unas cuantas gotas de agua .
-Malo-le dije sonriendo. Le tomé del brazo y llegamos hasta la puerta principal del parque.
-¡Miguel! ¿Te puedo besar?
-Claro.
-Abracé a aquel hombre tan fuerte besé su mejilla.
-Él simplemente me retuvo entre sus brazos y con sus enormes manos sostuvo mi cabeza sobre su pecho. Luego con suavidad, deslizo sus dedos pulgares recorriendo mis cejas. Cerré los ojos. Y sentí un beso de infinito amor en el centro de mi frente. Y como era natural ya en mí, que había permanecido casi veinte años sin llorar, unas lágrimas se deslizaron mientras sonreía y permanecía henchida de amor.
-Miguel
-¿Sí?
-Me tengo que ir.
Él sonrió.
-Miguel
-¿Sí?
-¿Cuando nos veremos de nuevo?
-Siempre nos vemos.-Fue su enigmática contestación.
-No, en serio.
-Ya sabes que siempre suelo estar a estas horas por el kiosco.
-¿La próxima semana?
-Estupendo
-Ciao Miguel.
-Ciao... sonrió mientras me despedía con la mano levantada.
Isabel y Lucía venían contentas, exultantes, con cara de chicas malas.
-Qué tal con tu amorcito.
-No es mi amorcito. Es algo así como mi maestro.
-¡Ja! ¡Ja! ¡Ahora, se les llama así! Bromearon.
-Venga. A ver qué habéis comprado.
Durante el viaje de regreso, medité sobre todo lo hablado y sobre las enigmáticas palabras que a veces pronunciaba.






Texto agregado el 04-05-2008, y leído por 12 visitantes. (0 votos)


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