Han pasado años, cientos de años.
Sigo sintiendo en mi placard, el color de tu piel.
Tu aroma es perfecto.
Se que te he dañado de todas las formas, de todos los modos.
Mi Negra.
No fue mi intención sentir tanto.
Tú sabes, ya tienes muchas de éstas…quizás.
Yo no.
Jamás mis labios se hundieron tanto en una laguna tan perfecta como tu boca.
Jamás mis ojos vivieron tanta sinceridad.
Jamás mi sexo había sido tan explotado.
Hoy, tus labios, tus ojos, tu cuerpo, tus modos, tu andar, todo lo que es bien tuyo, está en otro lugar.
De seguro te mereces lo mejor.
Pero mi negra, no te voy a mentir, nunca en tu vida sentirás adentro de tu cuerpo, de tu sangre arder, de tu alma caliente un hombre que te sienta como yo, que lo sientas como vos.
Nunca.
Y esto me lo guardo. Esto nace y muere en mí.
Ese es mi pequeño tesoro.
¿Cuál será el tuyo, Negrita?
¿Tu piel morena y la mía?, ¿el roce?, ¿las miradas en las noches morir?
Tu sonrisa asintiendo cada deseo que veías en mi.
Todo eso me lo guardo.
No le dejo nada a nadie, mi negrita. A nadie.
¿Recuerdas el primer abrazo?
Un destrozo de corazones derrotados…una alegría inmensa.
Tú forma de ver la vida, mi vida, nuestra vida.
La casa en la playa, los hijos, nuestros perros jugando.
La arena blanca bien blanca, adherida a tus hermosos poros morados.
El mar azul, salino, metiéndose entre tus piernas y yo besándote desde el comienzo hasta el final…si es que iba a haber final.
Pero no, negrita, la quedé.
Me escapé, me dio miedo.
¿Es mucho más fácil escaparle a las balas que al amor, no negra?
¿Era eso?
¿Recuerdas cuando regresé y estabas en la playa con tu hija?
¿Sientes aún el abrazo cálido de nuestras almas?
Eres muy mía para ser muy de otro.
Lamento.
No lo hice con intención.
Yo soy muy tuyo, para ser de otra.
Estoy jodido, negra.
Me jodí para toda la vida.
Llevar este peso en el pecho, es lo que me tocó en suertes.
¡Maldita sea!
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