En las tierras de Ficticia, de allá de donde es Sofiama, hubo unas corrientes de frío y de calor cambiantes, a las cuales ella no estaba acostumbrada. El lago que rodea su casa se estremeció, ese día, con vientos huracanados. Sofiama caminaba, como siempre lo hacía, alrededor de éste: unas veces; de noche para atrapar las estrellas; y otras, de día, tratando de cazar arco iris, mariposas, peces dorados y rayos de luz para enviárselos a sus amigos azules. Sin embargo, esa mañana, un oleaje que se elevó hasta el cielo y volvió a caer a la tierra, la sorprendió de repente y la llenó de frío. Corrió todo lo que daban sus piernas para cubrirse de la intemperie, pero no pudo escapar. Al principio, sentía tanto frío, como si un témpano de hielo se adueñara de ella. Finalmente, llegó a su casa; un escalofrío infinito recorría su cuerpo hasta que la hipertermia desplazó al frío.
En su hogar, no había nadie; llamó a sus amigos de las tierras de Ficticia y todos estaban en otro distrito porque allá se celebraba la llegada de los duendes y de las hadas de otros universos.
Sofiama, aturdida como estaba, envió un mensaje a sus amigos del otro universo que llaman La Página Azul:
-Tengo fiebre, mucha fiebre, envíenme mensajes bonitos para curarme rápido. –Decía el texto.
Sofiama deliraba, la fiebre la poseía; su mente obnubilada, no la dejaba coordinar y cayó en un letargo causado por la deshidratación de su cuerpo. De repente, la habitación se tornó azul y se iba llenando de seres vestidos del mismo color.
-¡Ufff! ¿Gripe? Procura transpirar para sacarte la fiebre. –Era Marfunebrero quien hablaba. Sacó un ramo de flores de su corazón y lo colocó en una mesita.
-Pobrecilla, -decía On-Line-. Tómate este caldito de ave para que se te pase la fiebre, mi querida.
- ¡No, no lo creo! -Agregó Borarje- Su fiebre es parte de la acumulación de ideas en su mente, deseosa de plasmar en papel.
Acercándose a Sofiama, dijo a su oído:
-Déjalas salir, que broten, dales libertad y esa fiebre ha de desaparecer...
En ese momento, la habitación se tornó más azul. Era Victoria, la de los numeritos, quien entraba; sus ojos azules y brillantes como diamantes, pintaron la recamara de más azul y proyectaron un resplandor en toda la habitación. Se aproximó a la cama, pero como venía de escribir un mensaje que trataba de enviar a Sofiama con la Lap top de su hijo, tenía todos los códigos verbales confundidos con los de la computadora, y le decía:
- Amiga cuéntame, por qué fiebre + estas resfriada+ ¡Ufffs! Esta Lap top de mi otro hijo, no es igual; no encuentro los signos, el de pregunta. Siente amiga, la frialdad en tu frente +, es un pañito mojado en agua fría. ¡Oups! Se calienta, lo daremos vuelta. Te prepararé un agua de natre. Borarje en su artículo habló de la medicina alternativa. Acá probaremos. Ya tápate, tienes que transpirar.
Casi todos mandaban a tapar a Sofiama, nadie cree que ella no es la de la foto artística que aparece en el registro del universo de La Página Azul.
-Es que tomaste mucho sol desnuda... –Enfatizó, MCS. Demasiado sol. – Repetía.
- ¡No, no! Estoy de acuerdo con Borarje: la fiebre se saca escribiendo, pasando de todo... Añadió Churruka.
Sofiama escuchaba las voces como si estuvieran muy lejos de ella, pero su corazón se alegraba. Si su mente estaba delirante o no, allí estaban casi todos sus amigos azules dándole consejos y tratando de animarla para que recobrara su salud.
- ¡Pues no!, dijo La_aguja. Nada mejor para la fiebre, que hacer lo que ella hace en su foto: sacarse la ropa y quedarse desnuda sobre la arena. Se curará enseguida. ¡Jajajajaa!- Reía, La_aguja, emitiendo sonidos cantarines.
Cuando todos festejaban la ocurrencia de La_aguja, entró Luzyalegria, diciendo:
-Aquí traigo varios especialistas que están en mi bio. ¡Ándele, pues! ¡Cuídese! ¡Escoja uno!
En el momento que Churruka y Borarje iban a seleccionar uno de los médicos de la lista suministrada por Luzyalegría, se oyó la voz dulce, pero con autoridad de MujerDiosa:
- ¡No, ella no necesita médicos! La curaré a través de la visualización y de mis manos. Dirigiéndose al grupo presente, ordenó suavemente:
- ¡Todos, pongamos nuestras energías a funcionar! Acercándose a Sofiama, dijo:
- Querida mía, estoy a tu lado y coloco mi mano con suavidad en una mejilla; luego, la otra, en tu otra mejilla, y vas sintiendo el amor que te transmito a través de mis palmas. Con tus ojitos cerrados, sentí la ternura de un beso muy dulce rozando apenas tu frente para irte sanando cada vez más y más rápido. Entonces, podrás descansar tranquila. ¿Sabés que estarás mejor muy prontito? ¡Y así ya es! Ahora, repite después de mí este Mantram sagrado de curación; sé que no podés hablar, pero hacélo mentalmente: Sana, sana, colita de rana; sino sanas hoy, sanarás mañana. Pero… ¡ya estás sanada! –Sentenció.
Sofiama los veía cuando entreabría sus ojos y se llenaba de luz interna por tanto amor recibido. En eso escuchó la dulce voz de Rosi que decía:
- Ella lo que necesita es mimo; si es así, se curará pronto. Pero… quizás un día… La voz de Omenia, la interrumpió. Dirigiéndose a Sofiama, exclamó:
- No te preocupes por la fiebre, se te va a pasar y mientras tanto, crecerás.
Así, seguían llegando más y más amigos azules:
- Un mensajito fresquito para poner en la frente con un pañito que alivie el malestar. - Exclamó Brancaneves - al entrar.
Mirando a su alrededor y viendo todas las cosas que le habían llevado a Sofiama, exclamó:
- ¡Ufff! No te quiero aguar la fiesta, pero tendrás mucho trabajo, recogiendo todas estas cosas cuando remita la fiebre.
- Un mundo de cosas preciosas, espera ser mirado por ti. –Señaló Sol-O- Luna, al momento que besaba a Sofiama.
- ¡Ay! ¡Qué pena! Cuídate muchísimo, y tomá algo que te baje rápido esa fiebre, amiga. -Dijo Dulceamiga- Luego, se inclinó, la besó y agregó: espero que te recuperes muy pronto para que nos vuelvas a regalar tus trabajos tan lindos, y tu amistad tan sincera.
- Cuídate amiga. Era la voz de Yetsenia.
Hubo unos minutos de silencio. De pronto, se oyó un zumbido ensordecedor en la habitación; era una abeja que trataba de aterrizar, haciendo círculos en el techo de madera del balcón de la habitación que da al lago, donde se encontraba Sofiama. Ésta dirigió su vista al sitio y con voz entrecortada dijo:
- Manscupia, Manscupia, ¿Eres tú?
La abeja se transformó y tomó el físico de Manscupia. Una voz alegre y musical decía:
-¡Holitas, Sofi! ¿Cómo está mi consentida? ¡Amiga querida! Estaba volando con mi pensamiento a tu lado... ¡Seguro sentiste una brisa cálida acariciarte y, de pronto, un pañito fresco sobre tu frente para despejar esa fiebre tan molesta! ¡Sí, era yo! Tu amiga del alma que estaba a tu lado....Te quería acompañar mi reina, te quería mimar, acunar, contarte historias locas para sacarte una sonrisa. Te estaba mandando un puñado de luciérnagas multicolores, un beso en un soplido, una caricia en la brisa....y mi voz en el eco de un caracol que junté de tu paraíso....para que te dijera lo mucho que te quiero. Pero… en eso, me conseguí al Leante que te quería mandar una poción bajo la forma de un texto, pero como no sabía dónde quedaban las tierras de Ficticia, lo tuve que arrastrar conmigo.
Manscupia miraba al techo; por fin entró un abejo, y ella gritando le dijo:
- Leante, Leante. ¡Qué ya llegamos!
Leante tomó su cuerpo físico. Tímidamente, se acercó a la cama. Pasó su mano, a modo de peine, desde la nuca de Sofiama en dirección a su frente, mientras le daba pequeños tirones, muy suaves, a su pelo. Así, una y otra vez, mientras le decía en voz baja:
-¡Pierde la molesta sensación de la fiebre! ¡Pierde la molestia sensación de fiebre! Terminado ese ritual, besó a Sofiama en la frente.
Siguieron llegando los amigos azules: Mbo, Antoniana, Lunazul, quienes recomendaron mimos, jugos; y según Mbo, sudor de pecho (?) Lunazul le dijo a Sofiama riendo:
-Eso te pasa por andar escribiendo cuentos calenturientos. Aprovecha y escribe otro subidito de calor. Buscó un frasco de mermelada casera de durazno que traía como regalo, pero no lo consiguió en su morral. Risueña exclamó: ¡algún cuentero se lo agarró!
Churruka preguntó a Mbo, el porqué del sudor de pecho. A lo cual él respondió, de forma muy cortés:
- Así, lo hacen en mi reino
Churruka miró incrédulo, pero no dijo más.
Panakeos e Icnocuicatl llegaron juntos. Panakeos, con su seriedad y serenidad habitual, dijo con voz reverente:
-Estimada, espero que se cure prontito; emana usted mucha sensualidad, dulzura, es un placer su acogida. Luego, le dio un cálido beso.
Mientras que Icnocuicatl, con su característica irreverencia dijo en forma jocosa:
-Hola mi hermosa. ¡En los brazos de la fiebre! Consentida, linda y buenísima escritora, espero que te repongas prontísimo para que ya pongas esas dulces manos a trabajar.
Casi al final de la tarde, llegaron dos hermosas damas, tan bellas como las palmeras: Maravillas y Margarita Zamuido. La primera, disculpándose por su tardanza exclamó:
-Vengo a recetarte lo siguiente: un zumo de naranja y miel que con los abrazos y caricias de todos tus amigos, esa fiebre va remitir: ¡ya lo verás! No te preocupes de más, ¿de acuerdo? ¡Ah! ¡Deja la ventana abierta para que entre con la brisa el duende charlatán, ya verás todos los cuentos que te cuenta para que los escribas!
Margarita Zamuido agregó:
-La receta de Maravillas es la indicada, a la que añado: mis deseos de que te pongas bien, una actitud paciente y positiva, beber mucha agua y pensar que todos los que te queremos estamos aquí con nuestras buenas ondas.
Luego, colocó un ramo de claveles amarillos en la misma mesita que Marfunebrero había puesto sus flores.
Más tarde, llegó Almalen2005 con un buen ramillete de mimos, un abrazo muy fuerte y unos besitos enmelados. Según ella, era una muy buena receta para que mejorase prontito. Almalen2005 sacó un jarrón de su corazón, colocó las flores de Marfunebrero y los claveles de Margarita junto a su ramillete de mimos en él.
De pronto, entró como un a ola por la ventana. Era Divinaluna, y con su habitual alegría, recitó:
-Pero… ¿qué pachooooooo? La fiebre baja con refrescarse en una tibia inmersión en el Adriático, mientras delfínidos y sirenas tejen con algas corona para aliviar las sienes. Un martini seco en las rocas, mezclado - no batido- vendría de perlas. Claro, esto sumado a Bond…, James Bond, emergiendo del océano semidesnudo, con la perla más bella para ofrecerla a la dama aquejada por la fiebre del amor. Creo que sería estupendo. Jajajaja. Vos sufrís y yo deliro amiga, ¡componete, yaaaaa!
Sofiama levantó la cabeza todo lo que le permitía su aletargado cerebro y miró a su lago, pero ella no vio al James Bond, sino al Keneau Revees en la casa del lago y sonrió. Todos rieron con Sofiama y exclamaron:
- Ya está mejorando.
Entrando casi la noche, llegaron tres buenos amigos: Fabiangris, Josef y Nomade, el del desierto. Los tres dijeron frases hermosas que completaban el ramillete de mimos recibos por Sofiama. Josef, con su ternura habitual, se acercó a Sofiama y en voz bien bajita dijo:
-¿Qué te pasa mi cariño, estás malita? Traigo miel y chocolate para ti.
Agarrando con una mano la cabeza de Sofiama, la hizo tomar unos sorbos del delicado chocolate caliente que traía en una jarra de oro y plata. Luego, de besar sus manos añadió:
-¡Ah, y no cojas tanto sol, creo que estás insolada!
Nómade, con su dulzura se siempre, exclamo:
-Linda y querida amiga… Aquí estoy a tu lado y pongo en tu frente el frescor de mis manos para que sientas el frío aire de mis mañanas para apagar el incendio que te quema y te abraza; y así, llevarte en mis noches a la dulce Selene que te ama....
Fabiangris, con ese buen corazón que todos conocemos, dijo con mucha ternura:
-¿Qué le pasa a mi princesa? Seguramente, una gripe traidora, pero tiene pronto remedio. Tomá esta medicación que te curará en un santiamén. Debes beber una cucharada de este jarabe cada 8 horas. ¿La composición del jarabe? 50% de amor del bueno, 25% de sueños a compartir, 25% de ganas de que te cures pronto. - La abrazó y la besó.
Cuando Fabiangris terminó de hablar, llegó Zepol y con toda autoridad dijo:
- Vamos a ver. ¡Abra la boca! ¡Diga " ahhhh"! ¡Ahora, tosa; otra vez; una vez más! ¡Hummm! Sopecho que tiene tos. Y… la garganta no se ve nada bien. ¿Ha gritado mucho? ¿A quién? ¡Con razón! Bueno…, para comenzar, ¡deje de estar tirada en la arena porque puede ser insolación! ¡Tómese un tequila con limón y un poco de miel con sal! Si aún así, no mejora... consulte al médico y me avisa. Son quince dólares.
A esto exclamó MCS:
-¡Pero… si eso lo dije yo antes, y no le cobré ni un dólar!
Victoria, que había salido a buscar unos limones, entró nuevamente. Sorprendida y alegre, exclamó:
- ¡Wow, pero si estamos todos! Con todo ese líquido de Fabiangris te mejorarás muy luego. ¿Qué más te doy? No se me ocurre nada. Te traje limones para prepárate un tecito con limón y miel. Pero… ¡veo que te han traído de todo! A ver, deja que te acomode los cojines. Levanta el brazo para ponerte el termómetro. Así quietita, como niña buena. Ufffs 39.8., ¡Mi madre! Bueno, esperemos un poco, sino, le hacemos caso a Zepol. Voy y vuelvo, traeré natre. Jejeje, bien amargo para la fiebre.
El silencio reinó, nuevamente, en la habitación de Sofiama. De pronto, cayó un hermoso pájaro en el centro de la habitación, tomando el cuerpo físico de una mujer. Todos exclamaron:
-¡Oh! ¡Es Avefenixazul!
Acercándose a Sofiama, dijo en voz alta:
- Hola corazón, ¿qué te ha pasado? ¿Por qué esa fiebre? Veo que todos te trajeron medicinas. Yo, como mujer práctica que soy, te invito a irnos a ver un striptease masculino y tomarnos unas copitas; ¡verás, como se te quita todo! Ja ja. Sé que con tanto amor que te hemos dado para mañana estarás bien, mi querida nenita. ¡Cuídate y tomá mucho jugo de naranja, y para comer un buen caldito de gallina vieja, un día de cama y ADIOS ENFERMEDAD!
Al oír esto, On-Line respondió:
-Mi querida Avefenixazul, ya yo le traje el caldito, que no es de gallina vieja, sino de una avecita joven.
Luego, hizo su entrada triunfal Mjr10. Vestía como un mago de los cuentos de Hadas que tanto le gustan a Sofiama. Dirigió una mirada a todos los presentes. Aproximándose a Sofiama, pronunció lo siguiente:
-¡Uh… ya te están curando! Jajjaja. ¡Que gueno! A ver, tengo el Don de las manos. A ver, en la frente ¡YA SE TE VA PASARRRRRRRRRRRR! ¡Ya ta sofi! Te doy un beso sanador. Ya no tenés nada. ¡Cuídate eh!
Detrás de Mjr10, entró Güero. Un poco preocupado dijo, mirando a Sofiama:
-Toma mucho agua, hasta hastiarte; te ayuda a recuperarte mas rápido. Aprovecha para que te apapachen. De paso, te doy un beso y un abrazo. Componte rápido.
Antoniana, Omenia, Lunazul y Mbo dijeron al unísono:
- Creo que estamos todos.
Sin embargo, aún faltaban otros por llegar. Se oyeron voces replicar: eran Servidesus, Cerrense, Klein, Lagunita y Zumm quienes habían decidido unir fuerzas para trasladarse a las tierras de Ficiticia. El primero en hablar fue Servideus:
- Sofía deseo, vehementemente, que la salud vuelva a ti. Necesitamos de tus letras doradas para seguir disfrutándolas, para que tú sigas disfrutando de la buena literatura y conocimiento que tanto te apasiona. – La besó y se apartó.
Cerrense se acercó a Sofiama, le dio un gran abrazo y un cariñoso beso y le dijo con voz muy suave:
- ¡Recupérate pronto, te extrañamos!
- ¡Este es el mejor remedio, sentirse querida! – Exclamó Klein.
-Sofiama, ¡qué la fiebre sea, de amor! – Era Lagunita quien hablaba - ¡Qué sea plena de emociones, qué sientas felicidad y no dolor, si es una gripe de estación, con un sana, todo será mejor! ¡Vamos niña mimosa! A la fiebre, mátala con aspirina y si así no muere, mátala con la indiferencia. Mientras dure, lee y escribe que luego te pediremos un bello cuento. ¡Sánate prontito, queremos verte feliz! Todos te queremos mucho. Le dio muchos besitos y le dijo: esos te los manda el viento.
-Para la fiebre, querida Sofiama, nada mejor que el vodka. Y si tienes un amigo a tu lado, mejor, pero veo que aquí estamos todos. ¡Mejórate pronto!- Zumm se inclinó y besó a Sofiama.
Los amigos azules volvieron a guardar un gran silencio, de repente, tocaron a la puerta. Eran Uleiro y Gusbass. Ambos se excusaron por llegar tarde, pero explicaron que traían un mensaje de Jenna quien también tenía fiebre. Lo leyó Gusbass:
- ¡Ay si vieras! ¡Cómo qué es el día de la fiebre porque, ahorita, estoy prendida en temperatura! Y… lo peor de todo, es que mañana y el lunes voy a exámenes. Pero bueno, te dejo milotes de abrazos para que te curés. A mi, me atacará la gripe fuerte por lo que veo, chauses. ¡Cuídate mucho! Jenna.
Cuando terminó de leer la misiva, Gusbass se inclinó y le dijo a Sofiama:
-Siento llegar tarde, pero aquí mis cariñitos sanadores. Mirando a su alrededor, agregó:
- ¡Ufff! Pero… ¡Cómo te quieren!
Uriel con su misticismo y fe que todos conocemos, se arrodilló cerca de la cama donde Sofiama descansaba y sentenció:
-Todo volverá a su normalidad, sólo basta con que te cuides y que tengas mucha fe. Mientras tanto, te contaré algo: había una vez una hermosa princesa que vivía rodeada de árboles frondosos, verdes y muy altos; todos la querían abrazar porque estaba enfermita: tenía fiebre. Llegó una ardillita y le dijo: yo sé como te puedes curar: deja que se pose en ti, el animal que más quieras. Entró un bello conejito blanco, se posó en la frente de la hermosa princesa, y la fiebre desapareció. Ese bello conejo, ahora, es su ángel guardián. ¡Pronto estarás bien! ¡Dios te cuida!- La besó y se levantó.
Todos guardaron silencio, en señal de respeto por la oración de Uriel. Luego, se oyó la voz de Victoria que sugería:
- Creo que debemos marchar. Nuestro planeta está casi solo.
No había terminado de decir esto cuando se oyó la voz de Nauticus.
- ¡Por favor, esperen! No había podido llegar, el lago está embravecido y mi barco no podía anclar.
Acercándose a Sofiama, sostuvo su mano derecha y le dijo:
- ¡Hola mi linda princesa!
Al escuchar esto, Fabiangris respondió inmediatamente:
- ¡No es tu princesa, qué es mía!
Nauticus, como gran caballero, miró a Fabiangris y con gesto elegante, asintió. Dirigiéndose, nuevamente a Sofiama, exclamó:
- ¡Uhmm, mi querida reina! ¿Qué puedo hacer para que te baje la fiebre? ¡Qué pena que estés enfermita! De las tierras de donde provengo, se le da sopa de pollo a los enfermitos, se les arropa y se les cuchuchea mucho. Se les dan besitos vitaminosos. Y… no me preguntes qué vitaminas tienen esos besitos; lo que sé es que sino curan mucho, por lo menos, mientras los disfrutas, se te olvida que tenias fiebre. Luego, sacó un ramo de aves del paraíso de su corazón y lo colocó junto a las otras flores y al ramillete de mimos que estaban en el jarrón. Besando las manos de Sofiama y su frente, se apartó.
Ya estaban a punto de salir cuando entraron Alejandrocasals, Azel, Flop, Claraluz y Selvatica. El primero, todo desconcertado, pregunto:
- ¿Qué le pasa a Sofiama?
Azel río, ante la pregunta de Alejadrocasals. Se aproximó a Sofiama y le dijo:
- ¡Qué estés mejor!
- ¡Hey, Sofía! Espero que estés mucho mejor- Era la voz preocupada de Selvatica.
- Espero que esa fiebre remita- era Claraluz- y que te estés recuperando pronto. Te traje una caja de bombones. Levantando sus manos, agregó: ¡manos de santo! Luego, abrazó a Sofiama.
- Pichi… ¿Estás enfermita? ¿Qué ando escuchando por allí? Te doy un beso
re-dulce con sabor a nuez (por lo energético) y que te cures de todo.- Era la dulce voz de Flop.
Todos se despidieron besando y abrazando a Sofiama. Desde su cama, ella vio cómo sus amigos azules se agarraban de las manos y formaron como una constelación. Ésta tenía las características de cada uno de ellos: a veces, lucía seria; otras, alegre, muy risueña; reverente e irreverente, a la vez. Sin embargo, había una luz muy brillante que emanaba amor en la toda la constelación: era el alma de los amigos azules la que se reflejaba en ella.
Sofiama durmió toda la noche. Al día siguiente, consiguió un papel que había sido escrito por sus amigos del Universo de la Página Azul que la habían visitado. Lo leyó, y a pesar de que aún estaba convaleciente por la deshidratación que sufrió su cuerpo, se levantó y se dirigió al balcón de su habitación que está frente a su lago. Le rogó a las Ondinas y Nereidas del lago que llevaran ese papel al Universo de la Página Azul. Sofiama no escribió ese relato, lo tejieron algunos de sus amigos azules. Ella supone que lo teclearon entre Churruka y Borarje que eran quienes estaban empeñados en que ella lo hiciera.
¡Ah! En el papel que Sofiama entregó a las Ondinas y Nereidas del lago, escribió una posdata que rezaba: muchísimas gracias a todos. Con tanto amor y tanto dulzura, hoy amanecí mejor. Son las 5 de la mañana en mis tierras de Ficticia. Cuando me sienta más fuerte, les escribiré a todos. Gracias, mi habitación aún tiene el aroma y las energías del amor que me trajeron cada uno de ustedes. He visto los tarros de miel, los envases donde estaban los caldos de gallina y de pollo, el chocolate, los ramilletes de mimos, las aves del paraíso, los claveles amarillos, las flores que trajeron, los limones, la mermelada, todo…, absolutamente todo. Los quiero mucho. Un abrazo y un gran beso.
Después de que ella envió el papel, llegaron muchos otros buenos deseos de sus otros amigos azules que se enteraron tarde. No aparecen nombrados porque quienes habían escrito la historia, ya se habían marchado, pero si están esculpidos en el corazón de Sofiama.
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