Esta historia relata el momento en que Marcelino encontró una carta en su escritorio, cuando se disponía a pagar cuentas.
“Querido Marcelino te escribo porque estoy seguro no volver a verte durante mucho tiempo, sino es nunca…
Me desahogo con esta amarga carta de despedida que es bastante breve...
Si pensás que puedo hacer algo malo para separar mi vida de la tuya estás en lo cierto…
Lamento mucho la muerte de la abuela María, y estoy seguro que fue culpa mía de algún modo, lo cual me recuerda que hurgando en sus cosas encontré su vieja Winchester, y llegando al final de la carta, este es el adiós. Porque me gusta verte leer mientras cargo la Winchester de la querida abuela, para probarla por segunda vez en un cráneo ajeno.
15 de diciembre de 1926 |