El Noble y su Asistente
Era su asistente, Juan, en la vieja casona donde solos vivían.
De lo alto de esa colina la aldea se divisaba.
Juan, temprano se levantaba, para correr las cortinas y bajar a los sembrados a recoger frescas frutillas.
Temprano también doncellas presurosas se alejaban, cubriéndose con sus velos para mentir de su estada.
El Noble en su larga mesa, también temprano desayunaba, servido por su asistente que en años de él, se ocupaba.
Durante el día las horas, trascurrían con demoras, el Noble con sus poesías, Juan con sus Ave Maria.
El asistente del Noble, de noche también bajaba, a dejar calientes cartas a las ardientes doncellas que por el Noble clamaban.
Pero también una noche, antes que el alba llegara, varios hombres con puñales por sus amantes mataban.
Cubrió de sombras la muerte la casona y sus tempranos, junto a los cuerpos tendidos de Juan y su Noble hermano.
Que no atrevan enfadarse maridos engañados por doncellas de poetas que antes de engañar pecaron.
Macacay-Arturo
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