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Inicio / Cuenteros Locales / EVERO / El Hijo de Osiris o El Hombre que amó Mil Corazones(22)

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-Parece que no tienes mucha memoria-le dije sonriendo a Miguel. Me debes una historia.¡Ja! ¡Ja! ¡Ja!
-El día anterior-comenzó a narrar mientras me tomó del brazo y caminábamos hacia el lago de los espejos- te estaba explicando cómo poder sentir la energía al respirar. Pero al decir que mientras se respiraba, se intentase abarcar y absorber el Universo, recordé cómo se unieron los caminos del sexo y el del misticismo en uno solo durante varios años.
-¡Biennnnnnn! ¡Por finnnnnnnnn!
-¡Qué mala y traviesa eres Emilia!
-¿Yo? Pregunté, poniendo cara de mosquita muerta.
-Por un lado anhelaba la comprensión total del mundo-frase que ahora me hace sonreir, pues en sí misma encierra la ignorancia personificada. ¡Cómo puede un ser finito como el cerebro y el alma humana comprender lo que es Infinito! Pero es ahora cuando me doy cuenta de aquella actitud que tenía cuando era mas joven. Tal vez tenía veintiocho años.
-Es decir que sería sobre el año dos mil.
-¿Por?
-Bueno -esgrimí el argumento con una pueril e inocente “vanidad”- supongo que ahora tienes cincuenta más o menos, por lo tanto tendrías entonces aproximadamente... unos treinta y treinta y cinco años.
-¡Qué lista eres! ¡Es verdad... ¡Cómo no se me había ocurrido! ... En el año dos mil tenía treinta y cinco. Han pasado veinticuatro. Por lo tanto tengo cincuenta y nueve... ¡Brillante deducción! -respondió sonriendo demasiado pícaramente, y dejándome totalmente perpleja con su mirada enigmática y risueña.
-¿Entonces no tienes esa edad?
-Vamos a seguir-continuó misteriosamente sonriente y dejándome muy intrigada acerca de su edad- Mi joven maestro, que bien podría haber venido de alguna forma, de otro mundo lejano, o cuya vida encerraba un profundo misterio...
-Josplis. Tu vida se parece a una rara y misteriosa flor.
En ese momento se detuvo, y acariciándome con inmensa ternura la frente y la mejilla-me dijo.
-Ahora, apenas pienso en como ha sido o es mi vida. Únicamente la acepto como un bello regalo. Pero debes de saber que sufrí durante muchos años. Podría decirse que casi los cuarenta y cinco primeros años fueron de constante dolor. Este provenía del continuo roce de La Vida sobre mi alma, y de la oscuridad de la ignorancia en la que debía caminar. ¡No saber por qué estabamos en el mundo, me provocaba ese sentimiento!
Tomé su brazo con gran amor, y continuamos caminando.
-Estudiaba como un poseso. Buscaba en los libros la sabiduría y la explicación al Enigma de La Vida. Y practiqué asiduamente la respiración y la meditación. Si bien a mi manera. Leía los libros y yo mismo intentaba hacer los ejercicios. Unas veces me sentaban mal, y automáticamente los descartaba. Así pues, a través de cada ejercicio de respiración intentaba meter en mis pulmones todo el Universo. Me sentía en general bien. Pero el profundo anhelo de disolverme en el aire, o en el agua, o en la tierra, fue creando un estado de tremenda intensidad.
Por otro lado, las relaciones sexuales fueron en algunas ocasiones muy gratificantes, pero debo confesar que el orgasmo era como perder la vida. Era una sensación de pérdida. Si también es verdad que cada vez me obsesionaba más y más con el sexo.
Sin darme cuenta el anhelo por encontrar las respuestas que buscaba, y el deseo sexual se fueron unificando. De tal manera que ese deseo y anhelo de fusionarme se transmutó en el deseo de absorber el cuerpo objeto del placer.
Y esto me llevó a desear poseer un cuerpo físico. Pero cuando conseguía tener entre mis manos ese cuerpo, cuando había conseguido poseerlo, topaba con un muro, y el corazón se sentía simplemente vacío.
Ahora parece todo comprensible, pues el anhelo por “lo superior” no se sentía colmado con el placer de poseer lo inferior.
Vivir en un estado así es vivir en la confusión . Es confundir dos cosas.
Confundía un cuerpo físico, con el anhelo de encontrar el alma.
Apreté más fuertemente su brazo, como si ahora me estuviese hablando un niño pequeño y proseguimos por una zona donde los árboles de hoja caduca, estaban amarillos y algunas hojas formaban tupidas y hermosas alfombras cerca del riachuelo que nacía en el lago de los espejos.

Texto agregado el 06-05-2008, y leído por 8 visitantes. (0 votos)


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