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Inicio / Cuenteros Locales / EVERO / El Hijo de Osiris o El Hombre que Amó Mil Corazones(23)

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23
-¡Cómo describir esa sed aterradora en que se sumerge el alma-cuerpo! ¡Cómo describir ese deseo que todo lo abarca y posee hasta el punto de buscar un comprador de nuestra alma a cambio de placeres! ¡Cómo dejar de pensar en el objeto de deseo que todo lo obnubila!
-¿Tan fuerte fue?-Miguel
-Sí.
-La salida era difícil. El fuego de la pasión buscaba más combustible para quemar. La sed devoradora no me dejaba ni de día ni de noche. Siempre estaba ahí esa insatisfacción permanente. Y tampoco era cuestión de aplacar una y otra vez aquella sed, porque el placer la calmaba unas horas, unos días, pero siempre observaba agazapada, a la espera de lanzar sus dardos, riéndose de mí.
-En cierto modo creo que te entiendo por una experiencia que me ocurrió y nunca volví a repetir-le dije a Miguel con ciertas reservas.
-¿Tal vez aquello que sentiste te reveló el secreto del sexo?
-Creo que sí.
-Ya te dije que reunías el segundo requisito. Conocimiento perfecto del sexo.
-Te contaré mi experiencia Miguel. Es un tanto fuerte, pero a mí me confirmó lo que a lo largo de los años me había parecido.
-No hace falta que cuentes nada. No necesito ninguna demostración.
-En realidad creo que me hará bien, quitarme de encima ese secreto que permanece oculto en cierta parte de mi corazón- contesté todavía con un poco de vergüenza ante Miguel. Pero por otro lado, nunca había visto a alguien que fuese tan sincero respecto al tema.
-Fue...hace unos años. En realidad, no sé cómo he seguido adelante en la profesión. Tal vez es que mi corazón se endureció en ciertos momentos y dejé de creer en el amor de los hombres, y por supuesto mucho más en el Amor de Dios.
-Cuéntame Emilia, si ese es tu deseo.
-Por favor no seas duro conmigo.
-¡Cómo podría ser duro contigo cuando he sentido el fuego que rayaba en la obsesión! Me habló con sencillez Miguel.
-Una noche vinieron tres chicos jóvenes al club. La verdad es que nada más llegar me encantaron. Eran simpáticos, alegres y se les veía bastante unidos. Yo hablé con ellos y los cuatro reímos y cantamos y durante unas horas fuimos felices.
-¿Sí?-preguntó Miguel al quedarme taciturna y callada, pues iba a revelar un secreto doloroso para mi alma.
-En un momento determinado, cuando tal vez me imaginaba que se irían, me rogaron que fuésemos los cuatro a un reservado.
-¡Dios!
-Yo anhelaba tremendamente ser amada con el corazón. ¡Y aquellos jóvenes eran tan agradables!
-Sigue por favor.
-Comenzamos a jugar y bebimos un poco más de la cuenta. ¡Cada vez ansiaba más ser amada, sumirme en el Alma del Universo, encontrar el Misterio de la Vida! Y pensé que tal vez en el amor de aquellos tres jóvenes vez podría encontrarlo.
-Ya.
-De verdad, mi amado Miguel, que el más profundo de mis deseos era ese. Suspiraba por sentir el corazón de ellos y que me inundase para siempre. Dios debería estar en algún lugar, en algún recodo de mi camino-me decía a mí misma siempre.
-¡Cuan perfectamente te entiendo, Emilita!
-Hice el amor con los tres a la vez.
-Qué pasó.
-Por un instante, pareció que lo había conseguido, pero a los pocos minutos, volví a sentir mi corazón vacío y triste.
-Se despidieron y yo me quedé a oscuras sin salir durante horas de aquel lugar. Lloré y Lloré. Y fue la última vez que entregué mi corazón a alguien. A partir de entonces fui como un alma en pena. Deseaba liberarme de aquella esclavitud que suponía mi vida. Por unas cosas o por otras resistí un tiempo hasta que llegaste tú.
Miguel me abrazó fuertemente y lloré hasta que no quedó rastro de mi tristeza.

Texto agregado el 07-05-2008, y leído por 5 visitantes. (0 votos)


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