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MI NOVIA, MI CUÑADITA Y MI SUEGRO.5


La situación se me estaba haciendo insostenible, no podía seguir en este juego de amar a dos mujeres y para colmo, dos hermanas.
Una tarde llegue del trabajo con la firme decisión de hablar con Agustina, y terminar nuestra relación.
Me sorprendí al ver salir a mi suegro vestido con elegancia y muy perfumado. Él acostumbraba a estar siempre de joggins y zapatillas, el cambio que observe en su figura me desconcertó.
Le pregunté a Celina que sucedía con su padre y me dijo despacito:
-Me parece que está enamorado.
-¿De quién? -pregunté curioso.
-No sé –me dijo encogiéndose de hombros- la que sabe es Agus, pero no quiere hablar.
Cuando llegó mi cuñadita arremetí con las preguntas, estaba curioso ¡Mi suegro enamorado! Era una sorpresa.
Agustina no quería soltar prenda, sólo me dijo estas palabras:
-Cuando se enteren ¡Arde Troya! –quedé más curioso aun. Comencé a vigilarlo y noté que por la noche se la pasaba hablando por teléfono durante casi una hora, estaba hecho un adolescente.
Un día puse a mi cuñadita contra la pared y le exigí:
-¡Habla! ¿Con quién sale tu papá?
-¡Con tu mamá! –me dijo de un tirón y riéndose con unas ganas que me lastimaron.
-¿Mi mamá? –pregunté.
-Sí que tiene de raro, se gustan, se entienden y son lo suficiente grandes para saber lo que hacen.
-Pero mi vieja tiene sesenta años, es una señora mayor, ¿cómo va a andar en esas cosas?
-Tu madre es una mujer, o no te diste cuenta, tontito.
Como se imaginan, sentí que se me venía el mundo abajo o mejor dicho mi mamá se me venia abajo.


Al conflicto de mi vida sentimental se agregaba ahora el de mi madre enamorada de mi suegro. La gota que rebalso el vaso fue un sábado que mi suegro no vino a dormir y que recién apareció el martes siguiente.
Era el momento de hablar con mi progenitora.

Mientras tanto, mi relación con Agus, seguía en el filo de una navaja. Una tarde que Celina fue a la peluquería, a la muy picara de mi cuñadita, no se le ocurrió nada mejor que meterse en la ducha conmigo, hasta ahí todo muy bien, sólo que en el momento en que cariñosamente le estaba enjabonando la colita, escuché la voz de Celina preguntando:
-¿Puedo pasar?
-¡No! ya salgo –escapé de los brazos de Agustina sin enjuagar. Con la toalla en la cintura, tomé a mi mujer del brazo y nos metimos en nuestro cuarto. Ella creyó que mi urgencia pasional necesitaba del dormitorio, así que alegre aceptó mi gesto. Hicimos el amor patinando y yo sufriendo con el jabón que me bajaba del pelo a los ojos, pero valió la pena.

Al otro día visite a mi madre. Estaba muy feliz, se había cambiado el color del pelo y sinceramente, al mirarla me di cuenta que era una hermosa mujer y que no representaba para nada su edad. Le pregunté:
-¿Qué te está pasando con mi suegro?
-Estoy enamorada –me respondió muy suelta de cuerpo.
-Pero vos te das cuenta que son dos personas mayores, ¿A qué están jugando?
-Jugamos a ser felices. ¿Te parece bien? –la cara de mi madre me dijo que debía callarme la boca, estaba desafiante, pero insistí:
- ¿Pasan los fines de semana juntos?
-Sí, fuimos a Colonia, otra vez a Mar del Plata y también nos hemos quedado en la quinta de Pilar –me miraba directo a los ojos, comprendí que era su vida y que no tenía ningún derecho de opinar.
Sigue...


Texto de alejandro45 agregado el 09-05-2008.
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