También el infierno tiene sus héroes ( V)
El Hanomag se desliza a marcha lenta por la carretera. Al inconfundible ronroneo del diesel se le une el chirrido de las orugas. Poulsen al volante tararea una canción que los otros no perciben, mientras intenta distinguir lo que les puede esperar unos metros más adelante, a él y a los demás de su pelotón. La niebla lo engulle todo. Pedazos de asfalto aparecen y reaparecen intermitentes entre la bruma. Junto a la carretera pastos de verde sucio se extienden limitados por la niebla. En el cielo, las nubes se arremolinan en un muro cresta sobre cresta. Algunos árboles bordean la carretera, o mejor dicho lo queda de ellos. La mayoría presenta un aspecto deplorable: rotos, mutilados por la metralla; sin hojas, con la corona reventada por las bombas.
“Der Westphale” permanece agazapado junto a Poulsen detrás de la MG 42 con el dedo en el gatillo. Sus ojos se asoman inquietos empotrados entre el casco y la placa de metal que le protege y recubre el arma. Nils dormita en un rincón con el fusil entre las piernas y Schulz se desentiende de todo, enfrascado en su libro, el “Faust” de Goethe, con sus lentes de concha que le caen sobre la nariz aguileña. Kurt maneja la radio. Espera atento a que le llegue por fin la orden de regreso y poder volver a la seguridad de su agujero, un maloliente barracón en las trincheras, sucio, húmedo, infectado de pulgas, pero con vida. En la parte trasera del vehículo, Thorsten, de pie, como un capitán de navío sobre el puente de mando, observa despreocupado el mundo a su alrededor, como si la guerra no fuera su asunto. Algo le golpea el hombro, el gigantón se gira y lo aparta de un manotazo. El objeto vuelve a chocar contra su hombro. El prusiano mira hacia arriba y sus ojos se tropiezan con un ahorcado que se balancea a escasos centímetros de su rostro. Un píe descalzo vuelve a rozarle la espalda. La cuerda mortífera se enrosca en un cuello delgado de color púrpura. El ahorcado tiene la mirada perdida; y a través de su sonrisa grotesca se le distingue la lengua que cuelga flácida entre los dientes. Sus pantalones aún están empapados de orina, no hace mucho que lo han ahorcado. Por el aspecto debe ser muy joven, seguramente un desertor. "Der Westphale "ordena a Poulsen que detenga el vehículo. Después observar detenidamente el entorno descubren que hay más ahorcados. Thorsten curioso, agarra el cartel que cuelga sobre el joven y tras arrancarlo de un tirón , lo lee en voz alta: “ Ich bin ein dreckiger Verräter” (“Soy un sucio traidor”) . En otro cartel que adorna el cadáver de un oficial ya mayor, se puede leer: “Ich hänge hier, weil ich ein feigling bin”.( "Me han colgado porque soy un cobarde”) No lejos de ellos unos perros comienzan a ladrar. Varios Feldjäger de la Militärpolizei* los observan con cautela mientras sus pastores alemanes no dejan de ladrarles; llevan las ametralladoras terciadas, y sus medias lunas de plata, indiscutible distintivo de su reputación, brillan frías sobre sus pechos. Son los cazadores de hombres. Pocas veces combaten. Su misión es apresar a los que ya no quieren luchar. Son excelentes verdugos, pero pésimos jueces.
Poulsen reconoce al que tiene el mando, un Hauptmann* al que le falta medio rostro, y donde tendría que tener el ojo, sólo hay una masa de carne deformada coronada por un parche negro. El oficial ordena callar a los perros.
--¡ Hauptmann! Hauptscharführer Poulsen..Estamos en misión de reconocimiento. Tenemos orden de adentrarnos hasta el bosque más próximo.
-- Sí, ya sé, hemos sido informados. Sigan con su cometido.. ¡Ah, y Hauptscharführer*! Ordénele a su Sturmann* que deje tranquilo a los ahorcados..Son cobardes y deben continuar colgados para que sirvan de escarmiento..Eso lo que les espera a los traidores.-- responde con voz agria el oficial.
Poulsen no escucha las últimas palabras del oficial, pone el motor en marcha y el vehículo se aleja. Thorsten escupe en dirección de los Feldjägern antes de desaparecer en la niebla. Los ladridos de los perros también se pierden en la distancia.
El muro del bosque se acerca, la maleza ya se asoma entre la niebla y el Hanomag se detiene cerca de los primeros árboles. Kurt y los otros esperan. No se oye nada significativo, sólo el rumor del bosque. Finalmente “Der Westphale” señala con gesto hacia la retaguardia y Poulsen vuelve arrancar el vehículo, esta vez en dirección contraria. Aún no ha finalizado de dar la curva cuando un impacto estalla a escasos metros de la parte delantera del vehículo.” Der Westphale” se lleva una mano a la mejilla y grita:
--¡Hijos de puta, malditos hijos de puta!
La sangre le corre entre los dedos, una esquirla le ha rajado la mejilla. Poulsen da gas y el vehículo abandona la carretera dando tumbos por el prado. “Der Westphale” comienza a disparar como loco. Distingue dos bultos que corren hacia el bosque. Uno de ellos se para en seco y cae al suelo con la espalda destrozada. El otro se arrastra por la hierba dejando un reguero de sangre. “Der Westphale” salta del Hanomag todavía en marcha y se dirige al herido. Kurt intenta detenerlo, tal vez haya más emboscados esperando al otro lado del bosque, puede ser una trampa. Nils corre detrás. “Der Westphale" agarra al muchacho por el cabello y lo obliga a arrodillarse. Son apenas un críos, ni siquiera soldados, sólo un par de mocosos afiliados a la “Resistance”, que han querido jugar a la guerra con un bazoka casero. Sin mediar palabra, “Der Westphale" apoya su Walter P38* en la frente del joven y le dispara a bocajarro. El balazo vuelve a salir por la nuca entre un surtidor rojizo. “Der Westphale” chilla ante el cadáver hasta que poco a poco se calma. El silencio y el bosque vuelven a dominar la situación. Los hombres permanecen con las armas dispuestas, no se atreven a darle la espalda a la maleza...Es el miedo.. ¿Y si los americanos están ahí esperándolos, tras los árboles? Esta duda asalta a Kurt y también a los otros. Si es así, en pocos segundos no serán más que una masa sanguinolenta, otro cadáver por haber en esta maldita guerra. Algo se mueve entre las hojas. Los hombres aguardan con los nervios de punta. El tiempo parece haberse detenido. Kurt percibe sus propios latidos, gotas de sudor frío se deslizan por su frente. De repente una vaca, una simple vaca normanda, bien pacífica y remolona, emerge rumiando de las profundidades del bosque. Nils alza el arma dispuesto a cargarse al animal.
--¡ Vaca de mierda! -- pero “Der Westphale” lo empuja y del susto al letón se le cae el arma al suelo.
--¡ No seas bruto...Cómo vas a disparar al pobre bicho! -- aún agrega “Der Westphale” molesto. Y Kurt piensa que no sólo la vida, sino también la muerte tiene sus propias sorpresas.
* Feldjäger de la Militärpolizei ( Gendarmes de la policía militar)
* Hauptmann ( Capitán)
* Hauptscharführer: Sargento mayor (grado de las SS)
* Sturmann : Granadero (grado de las SS)
* Walter P38: pistola reglamentaria del ejército alemán
Ralf |