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Inicio / Cuenteros Locales / aristofeles / Historia de una locura

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Conocía a Anastasia por mediación de Pilar, una amiga mía. Pilar, iba con un chico a la Opera y Anastasia no tenía acompañante. No le costó mucho convencerme, aunque la opera no es lo mío. Si mal no recuerdo, fuimos a ver Lucía de Lammermoor. Pronto quedé enamorado de Anastasia, de madre Brasileña de origen nórdico, era rubia con los ojos azules con un esbelto cuerpo. Tímida, apenas hablaba de ella. Me pase toda la representación mirándola de reojo. Cuando acabó la Opera, se fue a dormir a casa de Pilar, que aún vivía con sus padres. Las llame al día siguiente y Anastasia me dijo si me apetecía acompañarla a una fiesta de cumpleaños. Así lo hice. La fiesta era en las afueras de la ciudad en una casa de una familia rica. De hecho todos sus amigos eran gente de mucho dinero y empecé a darme cuenta de que yo no era de ese ambiente. Pero me daba igual. Lo que perseguía y conseguí al final de la noche fue besar a Anastasia, porque nunca había besado a una chica tan guapa. Al día siguiente me llamó Pilar para hablar de Anastasia y de mí. Por lo visto Anastasia le había hablado del beso. Pilar me explicó que Anastasia estaba en tratamiento psiquiátrico debido a una depresión que tuvo a su paso por un colegio del Opus Dei. En él se había enamorado de un profesor y este no le había correspondido, por lo cual decidió suicidarse pero no lo logró. Sus padres la sacaron del colegio y se la llevaron a su casa de la playa donde se estaba recuperando yendo al psiquiatra. Por eso Pilar me advertía. La verdad es que no duró mucho. La segunda cita la tuvimos en su casa con sus padres y sus siete hermanas, parecían todas gemelas suyas pero con más edad. También vino Pilar y su novio. Comimos, fuimos a la playa, y al atardecer volvimos. Aun hubo una tercera cita a solas los dos, en la que nos subimos a la Iglesia del Mirador, fuimos a la playa. Luego, cuando fui a coger el tren para volver se despidió de mi con un ¡hasta nunca! Esto nuestro no funcionaría, olvídame. Así lo hice, durante un año, hasta que la escribí en verano una postal y luego la llamé. La convencí para quedar a comer. Te recogeré a las dos, a la puerta de tu casa de la playa. Y aquí empezó mi sufrimiento. A las dos en punto estaba yo delante de su puerta con mi automóvil, vestido con mi mejor traje como un estúpido. Llame al timbre. Nadie abrió. En aquellos tiempos no habían teléfonos móviles o celulares como hoy. Así que después de un rato llamando a la puerta sin que nadie abriera, cogí el coche y me fui carretera abajo hasta dar con un camping donde pedí telefonear. En un principio el guardia se negó, pues era temporada baja y el teléfono solo era para emergencias, pero le explique toda la historia, se conmovió y me dejo llamar. Ahora viene lo mejor. Una voz femenina, al preguntar por Anastasia me dijo que allí no vivía nadie y que dejara de molestarles. Y me colgó. Debí poner tal cara de imbécil que el guardia me dijo que podía llamar otra vez. Pero lo dejé correr. Volví a la casa de la playa para pedir explicaciones y llamé otra vez al timbre. Nada. Entonces vino caminando por la carretera un hombre bajito de unos sesenta años, vestido informal. Me pregunto si era yo quien pedía por una chica. Me dijo que el era el vecino de la casa de al lado y que le había pedido que fuera hablar conmigo para convencerme de que allí no vivía ninguna chica. Me explico que él era músico. Y dada mi insistencia, me dijo que había habido una chica allí, pero que estaba muy mal y se la habían llevado lejos. Al final desistí, cogí el automóvil y me fui a ver una pareja de amigos míos, que me invitaron a comer y al cabo de unas copas hasta nos reímos del asunto. Sé que durante un tiempo llamaba por teléfono a la casa y colgaba. Como venganza. Luego me alarmé cuando me hicieron lo mismo, me llamaban a mi casa y cuando descolgaba, cortaban la comunicación. Allí se acabo toda la historia. Llame a Pilar y también me aconsejó que me olvidara de ella, que se encontraba muy mal. A veces, en vez de seguir por la autopista, voy por la carretera de la playa para pasar por delante de su casa. Ahora si parece que todo esta cerrado a cal y canto. Yo me casé, tuve hijos, pero en mis sueños me aparece, entre brumas, alargando sus manos hacia mí, pero nunca la puedo tocar.

Texto agregado el 12-05-2008, y leído por 113 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
2008-05-12 16:07:42 que bueno esta tiky-tiky
 
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