7 MI NOVIA...
Pasaron varios meses en los que intenté comunicarme con Celina, pero sin suerte.
Una tarde mi madre me llamó para avisarme que se casaba con mi suegro. Pensé que iba a ser una buena oportunidad para encontrarnos con mi esposa. Hasta el momento sus negativas se basaban en que yo era un degenerado, que me abuse de su hermanita menor, no le podía decir la verdad sobre Agustina.
No soy un ángel, pero Celina es la única mujer que verdaderamente amé y amo. Agustina fue un placer de momento, esas locuras que solemos hacer los hombres por calentones y por no dejar pasar ninguna oportunidad, si nos buscan y nos quieren llevar a la cama.
El día del casamiento de mi madre, me acerqué varias veces a ella, y cuando notaba mi presencia, Celina, me daba la espalda.
La fiesta se desarrolló en un ambiente de gran alegría, mi suegro no escatimó en detalles de buen gusto para agasajar a su novia.
En un momento de la fiesta entró Agustina del brazo de un señor que le doblaba la edad y que la miraba con ojos de embobado. Me enteré por mi madre que era un comerciante marplatense, que estaban muy enamorados y que antes de fin de año se casaban y se iban a vivir en la costa.
Al final todos eran felices menos Celina y yo. Decidí jugar una nueva carta y hablar con ella. Recorrí todo el salón y no la hallé. No deje un rincón sin revisar, ella no estaba, me llamó la atención que mi suegro tampoco estaba. Me senté y con una botella de champagne al lado, decidí ahogar mis penas. Ya estaba por darle fin cuando vi a Celina frente mío. No sabía si era el alcohol, o era realidad.
-Tenemos que hablar –me dijo seria, pero sin ese gesto duro de antes.
-Cuando quieras –respondí con la lengua algo trabada.
-Ahora. Vamos al parque. Me incorpore a duras penas y caminado lentamente la seguí. Nos sentamos en un banco rodeado de árboles.
-Mi padre me contó toda la verdad.
-¿Qué verdaaad? –respondí. Mi lengua no respondía, me costaba hablar.
-Que mi hermanita no es un ángel como yo creía, y que siempre fue ella la que te provocó.
-¿Y cómo sabe eso tu pa…padre?
-Por qué los espiaba y se cansó de hablar con mi hermana. Ella se reía de sus palabras, se divertía jugando a la mujer fatal con vos -.Celina bajó la cabeza y quedó en silencio, mi cerebro no articulaba un pensamiento claro, deseaba hablar y no podía, ella continúo:
-Esto no quiere decir que sos inocente, sólo que me voy a replantear las cosas y volveremos a conversar. Ahora será mejor que pidas un taxi y te vayas a dormir la mona.
Uniendo la palabra al dicho sacó un celular y llamó para que me vengan a buscar.
Unos días después la llamé, conversamos y acordamos una cita. Creí tocar el cielo con las manos, al menos tenía una esperanza, ya no me rechazaba.
Salimos fuimos a tomar algo y me contó su dolor, su padecer de los últimos tiempos. Se notaba que había perdido peso. Ella también lo notó en mí.
-¿Qué nos pasó? –preguntó con una voz apenada.
-No sé, creo que fui un tonto, un tipo que se las dio de vivo, pero que en realidad era un Gil de cuarta. Celina, te amo, ¿me podrás perdonar?
-Yo también te amo, pero dame tiempo para asimilar lo vivido. Te pido que sigamos viéndonos, pero convivir, no es el momento.
Yo seguía viviendo con mi amogo Seba, cuando una tarde apareció mi madre, en una ligera visita me dejo las llaves de su casa. Ella había acordado con mi suegro, ahora padrastro, ir a vivir en la casa de él y su casa me la dejaba a mí.
Luego de unos meses de jugar al noviecito con mi mujer, la invité a cenar en mi nueva casa.
Aceptó y yo preparé todo para conseguir que esa noche se quedara a dormir.
Perfumé el ambiente con velitas de pachulí, puse una media luz de ambiente calido y me lance al ataque. Me costó convencerla, que sí, que no, pero al fin aceptó.
¡Se quedó!
Pasamos una noche inolvidable, lo que me sorprendió fue ver al día siguiente, llegar a mi suegro con la valija de Celina. Abrí la puerta sorprendido y pregunté:
-¿Quién le avisó de trae las maletas?
-Celina, ayer antes de salir me pidió que se las alcanzará hoy por la mañana.
FIN.
|