Me encontraba frente a la puerta de la sala de espera del dentista, una caries me incentivó a ir, mejor dicho me extorsionó. Al ingresar me encontré con una temible sorpresa, que ni siquiera puedes imaginar, de esas que te colocan la carne de gallina (en mi caso de avestruz, no por lo alto sino por lo rápido al correr cuando algo me da miedo), en una de las sillas se encontraba La Muerte, si no fuera por la guadaña no la hubiese reconocido, es más la habría confundido con unos de esos jóvenes que se visten de manera tan extraña y sin mostrar el rostro.
Saqué el ticket de atención, obtuve el 14, luego me percaté que el único lugar para sentarme se encontraba junto a Ella (referirse a La Muerte tal cual, es un poco tenebroso, quizás por eso utilizo el pronombre “Ella”, lo mismo me ocurre con mi ex pareja que me abandonó, y me refiero a lo tenebroso que me suena su nombre), así que me hice de valor y me acerqué, al realizar esto pude observar que también poseía un ticket con el número 13 ante lo cual supuse que su presencia no era por mí, con un cierto alivio tomé asiento, pero sin dejar a un lado el nerviosismo que me invadía, provocado más por la visita al dentista que por estar junto a Ella, La Muerte. Este nerviosismo siempre provoca que comience una conversación para tratar de apaciguarlo, valientemente decidí iniciarla con Ella.
- ¿Viene por alguna caries?.- pregunté. Pasaron unos segundos de silencio muy incómodos, reformulé mi pregunta. Si no me respondía significaba claramente que no tenía ganas de conversar - o sea, me refiero si viene a tratarse algún diente cariado.
- No.
Respondió con una voz gutural y lejana, como sólo ella puede hacerlo. Además con esta respuesta, tan clara y breve, me di cuenta que es de pocas palabras, me imagino que su trabajo no le permite ser sociable, debe ir al grano con cada uno de sus "clientes". Me pregunto qué tipo conversación puedes iniciar con la frase "Estás muerto, debemos irnos". Pero mi nerviosismo continuaba y no podía quedarme en silencio, debía averiguar el motivo de su presencia en la sala del dentista, recordé el conocido refrán "La curiosidad mató al gato", para el gato no hay problemas él posee 9 vidas, en cambio yo poseo sólo una y no tenía planes de abandonarla. Finalmente me atreví a continuar, a pesar de mi conclusión.
- Ah, ¿ entonces viene por alguna limpieza dental?
- No.
Respondió nuevamente con una voz cada vez más gutural y lejana, con esto quedaba claro que es muy introvertida y antisocial. Pero aumentaba mi curiosidad por conocer el motivo de su presencia, ya que no era ni por caries, ni limpieza. Así que tome el valor suficiente como para ser más directo.
- Disculpe, si no es por caries o limpieza, entonces cuál es el motivo de su visita y perdóneme sí soy demasiado entrometido, pero los nervios que me causa la visita al dentista sólo los puedo calmar conversando.
- Mi visita es debido a que vengo por el dentista, llegó su hora -me dijo esto girando la cabeza y con la voz más cercana y susurrante que pudo-.
- ¿Qué? O sea ¿el dentista muere ahora? -pregunté sorprendido, aunque debió ser lo primero que se me tendría que haber ocurrido al verla aquí-.
- No, cuando ingrese a la consulta- dijo esto mostrándome su ticket-.
Ante esta revelación, vinieron 2 grandes conclusiones a mi cabeza, primero lo corta que puede ser la vida y segundo, que no me sacarían la maldita caries en esta consulta, por motivos evidentes. Pensé en algo arriesgado, no tenía nada que perder o quizás si, en fin la idea es tratar es cambiar turno con ella.
- Disculpe que la vuelva a molestar, pero sabe que tengo una muela que ya lleva más de una semana que me está “matando” -al decir esto La Muerte levantó su cabeza, tomando un poco más de atención a lo que le decía, por lo que reaccioné rápidamente y especifiqué - metafóricamente hablando y encontrar dentistas disponibles a esta hora es casi imposible -bajó la cabeza esbozando un pequeño suspiro-.
- ¿Y? - me dijo esto con un interés que volvió a ser como al principio.
- Bueno, quería proponerle..., mejor dicho pedirle un favor, si cambiase de turno conmigo. Ya que si Ud. entra primero, por lógica el dentista no podrá atenderme.
En ese momento Ella giró su rostro hacia mí y pude observar su pálido e inexpresable rostro, nuevamente, y comenzó hablar.
- Mire señor..., ¿cuál es su nombre? -preguntó, con un interés que me caló hasta los huesos.
En ese momento pasó por mi cabeza la más alocada idea, cambiarme el nombre, si le daba el mío quizás me recordaría, lo que le provocaría más entusiasmo que de costumbre que nos volviésemos a ver y en otras circunstancias, al saber que se llevaría "al entrometido del consultorio dental", quien sabe, será vengativa.
- Mi nombre es... Juan Pérez - el primer nombre que se me vino a la memoria, pobre cristiano.
- Sr. Pérez... -comenzó a explicarme, pero realizó una pausa- ¿dijo Juan? Mmm... espere un momento -comenzó a buscar algo entre su vestimenta holgada y sacó una pequeña libreta que comenzó a recorrer con su huesudo índice, murmurando el nombre que le entregué. Terminó su búsqueda y comenzó a decirme- Sr. Pérez, no debería preocuparse por su muela, según mi itinerario Ud. es el siguiente después del dentista.
- ¿Cómo? -pregunté asombrado por la sorprendente coincidencia- va a mori... perdón, moriré después del dentista.
- Sí, después del dentista me dirigiré a su casa en donde lo encontraré en su tina, muerto debido a un accidente. Lo que no me explico es qué hace acá, ya que debería estar en su casa, para reunirse conmigo.
Ante esta oportunidad y el desafortunado fin de Juan Pérez, tuve una idea para que mi situación cambiase a mi favor, al fin de cuenta no dañaría a nadie. Decidí explicársela.
- Deben ser cosas del destino, pues si Ud. no me cambia de turno, entonces yo tendría que buscar a otro dentista y por ende no me encontraría en casa, lo cual provocaría un desajuste en su itinerario, en cambio si realiza el cambio que le propuse, podría irme a casa y darme el baño que provoca lo que me acaba de contar -Genial, creo que hoy estoy inspirado-.
- No deja de tener razón y lógica lo que me acaba de explicar, pero lo que me sorprende es su tranquilidad ante el hecho de que dentro de unos minutos morirá -Dijo esto con una sospecha que pude notar en su tono, más que en sus inexpresables cuencas. Tuve que seguir mintiendo-.
- Todo está en el destino, ya se tiraron los dados, no puedo contra eso, o ¿Ud. cree que sí? – continué, ya que me encontraba inspirado, quizás por el dolor que me provocaba la maldita muela- Además este cambio le conviene más a Ud. que a mí, debido a su itinerario.
- Esta bien -dijo satisfecha con mi actuación de resignado- Aquí tiene mi número.
Justo cuando realizamos el cambio llamaron al número 13 (de la buena o mala suerte según la situación) que ya era mío. Me levanté, realicé una pequeña reverencia con mi cabeza y me dirigí a la puerta de la consulta. Antes de cerrar la puerta detrás de mí, miré a La Muerte de soslayo y no podía creerlo, la burlé, algo que nadie imaginaría. Además vi cómo cerraba su libreta y quedaba pensativa, ¿qué ideas pasaban por su fría cabeza en esos momentos? Quizás en la solución que ofrecí, obvio, beneficiaba a ambos de una manera tan clara, especialmente a mí.
Una vez que llegué a mi casa me encontré nuevamente con la espantadora presencia de La Muerte, inmediatamente pensé que se había dado cuenta de mi mentira y venía a vengarse.
- Bue...buenas noches.- mi nerviosismo era claro y como alguien que no quiere enterarse de las malas noticias, pregunté- ¿que la trae por aquí?.
- Vengo por ti –me observó y al notar mi nerviosismo comentó-, ya me imaginaba que no estabas preparado para esto. Ninguno de Uds. Lo esta.
- Pero porqué ¿Se dio cuenta que mentí? Lo siento.... pero es que era una emergencia, prometo que fue sin interés de burlarme –mirando el reloj, recordé lo que contó en el dentista- además no debería ir por Juan Pérez –le recordé su compromiso con el tipo y pedí perdón por el atrevimiento de mentirle-, perdóname por mentir, no creo que te haya quitado mucho tiempo para recoger a Juan Pérez.
- Realmente no me quitaste tiempo, estaba todo de acuerdo a lo planeado, además no mentiste realmente vengo por Juan Pérez, eres tú.
En esos momentos no entendía lo que decía, o yo soy un buen mentiroso o ella una verdadera ingenua.
- ¿Cómo que vienes a buscar a Juan Pérez? ¡Pero si yo me llamo Fabio Retamal!.-le expliqué de una manera desesperada-
- Eso lo sé, tú ahora te llamas Fabio Retamal, pero desconoces, por lo que veo, que fuiste adoptado y tus verdaderos padres te nombraron Juan Pérez.
El viaje con La Muerte puede ser muy largo y aburrido, si es que ella no tiene una buena historia que contarte, lamentablemente yo era una buena historia. |