"El no saber sabiendo es la característica de la poesía.
El poeta muchas veces se sorprende de lo que escribe
y se entera de lo que le pasa leyendo lo que escribió."
Juan Gelman.-
Se esconde allí
entre las cenizas que cubren la jerga confusa de los versos,
en los fluidos ingrávidos que enfrían y ablandan el cerebro,
en las comarcas estacionarias del tiempo que no cesa,
una íntima evidencia, una pertenencia al yo.
Alba o tinieblas, las pupilas lúdicas
sobre la presuntuosa oscilación de algún satélite,
conjeturando acerca de la sabiduría que emana de las simetrías naturales,
de una presencia - ajena a la imagen del tiempo -
Un dar a luz los sonidos
absorto en el manuscrito del alma que libera la metáfora
ésa, que escribirán alas ocultas.
Alba o tinieblas, desprotegida,
allí donde la piel se abre en preguntas,
guiando el torrente sanguíneo a la manera de una transfusión,
aquietando raíces, limitaciones,
sístoles y diástoles,
renunciando a la seguridad de la palabras llana
¿Cómo liberar las voces de su fórmula tácita?
¿De qué profecía virtuosa de lo extraordinario
descienden los sonidos aprehendidos
y pululan en las palabras hasta confesarse?
¿En qué forma se sueltan los símbolos acoplados
que anhelan un significado en la escasez de las voces?
Pueblan las preguntas el hastío
como estrellas sobre la extensión de la noche
Una voz completamente real,
expandida en ondas que se alejan del lodazal mundano,
un lenguaje moldeado que se coagula en la posibilidad del todo
Pero antes o después - lo confirman los versos -
se ve un camino sencillo y despejado
que abre los poros;
conduce a bucear entre corales de sílabas
como un delfín iluminando sales y la espuma.
¡los dedos extensos, el iris dilatado y los umbrales atentos!
¡Un eslabón en llamas, la poesía!
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