Raquel acababa de leer en un pasquín, sobre los cuatro de años de prisión al que serían condenados los inmigrantes sin papeles en Italia, sentada en una banca de la ciudad de Madrid miró temerosamente a su alrededor en busca de la migra o de los policías que combaten la prostitución en las noches españolas.
Pasaron como 20 minutos y ante sus ojos comenzó ha recontar su vida, de origen ecuatoriano, de la ciudad de Guayaquil había llegado a España con visa de turista, en el Ecuador su niño habría de tener unos 5 años. El dolor del hambre de dos días le había empezado a corroer el cerebro le quedaba solo un poco de licor en una botella caminera, apuró unos sorbos y continuó pensando.
Reflexionó lentamente y supo que había tocado fondo, y a pesar de todo se negó a llorar, solo caviló dulcemente en su país asediado por las potencias que le quieren a como de lugar hacerle entrar en una guerra civil de otro país, se acordaba de los platos típicos de su tierra de los deliciosos mariscos, de la carne asada y patacones de los mariscos y los cebiches de la sopa de bola, de la sal prieta, de las menestras.
Y añoró los recientes días que había pasado, es que ocuparon sus servicios algunos políticos prominentes de la zona que le permitieron pagar la renta y comprar algunos tragos se había olvidado de comer.
Que perverso es el destino pensó; estos países ricos que se sacaron el oro de nuestras tierras que esclavizaron a los indígenas que hicieron los batanes, las mitas, los obrajes, las matanzas, estos países europeos que hicieron un concilio para determinar si el indígena tenía o no tenía alma, estos países que hoy por hoy continúan depredando las riquezas naturales, y sobre todo viven de las rentas de la grande deuda externa, deuda que la adquieren los ricos y la pagan los pobres, y la ayuda siempre mal canalizada les llega a las masas siempre como caridad y nunca como respuesta digna.
Si así es el ideario italiano, ojalá que nunca vaya a nuestras tierras, y es mejor que los latinos empecemos a negar la venta de recursos naturales y que no explotemos nuestras riquezas. Es una buena idea conservaríamos las selvas orientales para mejores días. Ahora ya no vamos a sembrar alimentos sino productos para fabricar el etanol el ser humano creyó pensar había empezado a ser vencido por las máquinas. Fuera las manos de nuestros recursos, no queremos contaminarnos. Estos pensamientos sabía a ciencia cierta eran producto de su borrachera de tres días, y también eran producto de su fracaso en la vida como mujer.
Justo ahora en ese momento le asaltó la idea de que los humanos de Latinoamérica ya no somos considerados iguales, se acordó del cabrón y facista español que pateó a una chica ecuatoriana en el metro y comenzó su emputación, la fiebre del licor le permitía volar caprichosamente por las enconadas nubes y laderas de su imaginación.
Su familia le había repudiado, ella siempre supo que habría de terminar mal, las venéreas y el condón le marcaron el paso de la calidad de vida que hasta ese momento tenía.
Ya no quería volver al Ecuador, ella que había soñado siempre trabajar como niñera, al llegar se topó con la triste realidad de su vida ella la esperanzada inmigrante se había convertido en PUTA.
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