Calcinar ayer por la mañana, la tarde pasada, esta misma mañana y (y... etcétera),
con discusiones facilonas, ganar tiempo,
entre ropa sucia y raspa
de pescao.
Tuve que dejar que me follaras
para poder
acariciarte la cara,
algo de cocaína para el cariño,
algo de verdad en el
aguapasada.
Tuve que casarte conmigo
para que me dejaras
pasear a tu perrito,
tuve que sacar poemas
de los que se “entienden”.
Un señor absorto en el retrete.
Sientes la inmediata necesidad
de desfalcar la buena imagen
que alguien pueda tener de mí
usando una fotografía para currículo reciente.
Una buena idea: tú la olvidaste en un cuaderno,
alguien la hizo en película,
una especie de es-tra-te-gia
que no funcionaba sin dinero,
una puerta EXIT falsificada
al fondo del pasillo del Síndrome de Estocolmo.
Un señor perdido
en reflexiones de inodoro.
Tuve que buscar tu paliza
por la absolución del pecado.
Tuve que ser el
“Uno” en tu canción,
salir a tu lado
en postura
de fotoretrato.
Tuve que ser nada para ti,
para que abrieras
puertas a patadas,
por mi. Tuve.
Tuve que esconderle el filo
a mi verborrea.
Perder los nervios,
sostener un susurro:
nada va a curarme hoy la diarrea. Perdone, podría indicarme
en qué planta está el baño,
en los centros comerciales, buscando,
la esquinita donde la gente se sigue queriendo,
sólo un momento, ya se entiende,
sin historias largas, sin expediente, sin horas, sólo píldoras
para el día siguiente.
Tuve que esquivar al casero.
Tuve que explicarles a todos que era inútil en el mundo “exterior”, que sólo sabía cagar lo que roncaba en mi instestino
poema íntimo, reservado, de siete metros
más el grueso.
Me pediste: ábrete
yo lo lancé todo contra las aspas del ventilador y
salpicó.
Ahora, huele mal no sólo dentro de mí, también por las paredes,
también sobre ti,
Ahora, huele mal,
y he quemado contra ti mi fin de semana
para seguir siendo
una oficinista de falda corta (que sienta
del todo bien),
que cabeceará mañana lunes en el Metro,
el agotamiento
no pierde las cuenta, se acumula, y siempre necesitas una hora más
de sueño, pero es sueño
lo que ya ni tienes,
y mirar ahí afuera queda aún más forzado
y sin duda pasa alguien,
existe aún la gente,
pero no tienes nada que decir
nada nuevo que añadirle
a tu propia peste.
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