Me enoja el ineludible devenir del tiempo
restándome esperanzas,
diluyendo mi plectro en esa muchedumbre
de desechables bardos
que pululan sin ton ni son
por un mundo de fulgores pasajeros
Me quita camino la vida
acercando el punto final
de una existencia mediocre.
Me aplasta este reconocer
la propia carestía,
que me hinca de rodillas
odiando estrofas inconclusas.
Me confundo,
una más entre otras,
pobres sombras en terapia intensiva,
alimentadas por fantasías
que les insuflan vida
sin llegar a resucitarlas.
Sólo algunas sombras elegidas
hoy brillan en el bronce,
otras mueren en la fragua
y sus huesos se blanquean
en la tumba de los desconocidos.
Olvidables fantasmas
penando en un mundo de contrastes
dónde lo malo se confunde con lo bueno
la luz es un engaño de la oscuridad
y las sombras son las figuras
de ignotos vates
burlados por las musas
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