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Inicio / Cuenteros Locales / josef / Amigo Walter.

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El interior estaba tan oscuro que apenas pude entrever los rasgos del par de hombres que se acomodaban frente a mí, excepto cuando alguien me recordó levantarme las gafas “RayBan” de sol. Entonces pude ver con claridad la silueta del hombre gordo y el delgado. Reclinados codo con codo, los hermanos Martinelli me miraban con ojos acuosos. El gordo empezó.
- Amigo Walter… Quedaste con la Lorena, lo sabemos.
Y el flaco siguió.
- Y por la plata que nos debés, por narices tenés que hacernos este bonito favor. Tosió, se sonó acatarrado por el aire acondicionado y continuó.
- No tocás a la flaca, o te cosemos la piel a balazos ¿entendido?
Afirmé, es decir negué, o sea, estuve plenamente de acuerdo con sus principios.
Sin quitarse la mascarilla anti bacterias, tomándome por un brazo hasta casi dislocarlo, añadió.
- A su edad ella anda loca perdida. Así que la cuidás, nos la cuidás como buen pelotudo que sos. ¿Entendido?
Los miré con cara de asco. ¿Se me notaría? Lo cierto es que aquel par de hermanos afeminados, el uno en los huesos muriéndose de VIH después de joderse en bacanales a un tercio del hampa homosexual, el otro aquejado de enfermedades metabólicas que lo hacían engordar a ojos vista, pugnaban en una carrera por ver cual de ellos accedía más tarde al portal de la muerte. Dilucidar quien sería el ganador no estaba muy claro, aunque eso tampoco me interesara.

Me dejaron a media manzana del Café Multicolor.
Al salir del automóvil un manto sofocante de calor se posó sobre mis hombros y en segundos estuve sudando, no supe si de la tensión experimentada, del inmundo calor, o de la que todavía me faltaba por padecer.

Cuando llegué al local por fortuna la Lore todavía no estaba. Me acomodé a una mesa desde la cual divisaba con portentosa claridad evolucionar el paisaje del café, pedí un whisky con ginger ale y sentí como mis músculos se relajaban aplastándose como pelotas de goma contra el respaldo de la silla.
Meditaba con desagrado la infeliz consecuencia de haber emprendido negocios de estraperlo con los hermanos Martinelli. Ya me advirtió mi ex colega Martín Fincher: “A la larga con ellos uno nunca sale ganando.” Y ahora me tenían lo que se dice “cogido” y además por las pelotas. ¿Cómo sacarse esa deuda de encima y follar a mi aire con la bella Lore? Claro que quienes querían marcarla eran ellos. Pobre destino el de Lore, consideré.
- “Hola soñador”
Era ella, la Lore. Se había sentado frente a mí y yo fijándome en todo menos en lo que me tenía que fijar.
- Guapo. Sigues en la inopia como siempre ¿no?
- Hum… Sí.
Aquel par de tetas perfilándose bajo su ajustado maillot negro de lycra con el lema de “Con Nosotras no Hay quien Pueda” desde luego eran auténticas. No supe muy bien si la cosa del lema aludía a ellas o alguna marca en concreto, sofocado tampoco pregunté. Solo añadí.
- Estás tan hermosa como siempre.
Ella sonrió, me tomó de las manos. Llevaba unos anillos de lapislázuli y plata con los que si me hacía una caricia me sacaba un ojo de cuajo. Negó con la cabeza y desenroscando un hilo de voz añadió.
- Ja... ¿Sólo sabes decir eso cuando me ves, bruto?
- Es la verdad.
Me miró fijamente a lo ojos y me preguntó.
- Pero dime ¿qué tan importante tienes entre manos?
Sonreí de forma torpe. Me liberé de sus manos. Sabía que actuaba como un niño pues apenas era capaz de controlar mis acciones. Mi secreción salivar barboteaba, mis ojos danzaban desbocados, mi sonrisa de abúlico no se perfilaba, se desdibujaba. No sabía por qué. Miré un instante al fondo del salón y contemplé sentada a una mesa a una mujer rubia hermosísima, estaba sola. Me dio por compararla con la Lore y descubrí que ambas eran por completo diferentes; dos estilos de belleza. Lore era una indígena de carnes apretadas color chocolate y ojos verdes. Aquélla en cambio era rubio platino de carnes blancas como la nieve y ojos azul cobalto. Las manos de ambas eran largas y finas acabadas en dedos sutiles como gusanillos flexibles; de momento sólo podía aspirar a una aunque ya ni siquiera a eso. Debía velar por ella, convertirme en su sabueso. Me habían rogado que la cuidara. ¿Estaría metida en enredos? No me extrañó que una mujer del temple y porte de la Lore anduviera metida en cualquier problemilla. Sonreí con cara de orgullo y le dije.
- Por fin vivo en el Barrio Alto, ahora soy rico. Tengo un piso de trescientos cuarenta metros cuadrados.
Ella, sin emocionarse, me contestó.
- Felicidades, lo conseguiste.
- Gracias dije agitado, y pregunté: ¿Querrás verlo después?
Ella me miró con flema y adujo.
- Verás... Me gustaría ver ese piso tan maravilloso, pero quedé con mi novia.
Estaba dando un trago a mi whisky, me atraganté y comencé a toser. Saqué un pañuelo y le vociferé.
- ¿¡Tú novia!? ¡Vamos! Si tú nunca has sido… éso.
La Lore me miró desafiante y me dijo.
- ¿Lesbiana? Pues ahora lo soy... ¿Pasa algo?
La miré sin comprenderla, sin hablar. Ella continuó.
- Me di cuenta que amar a una mujer es mil veces más fantástico y liberador que dejarse amar por cualquier hombre. Escucha Walter tú no sabes… Es algo precioso ¡sublime! que consigue enaltecer mi grado espiritual. Además, ella hace yoga y me ayuda a practicarlo. Me refiero a artes orientales, de verdad, antes era incrédula. Walter tú me conoces y lo sabes. ¡Era una puta loca!
Miré hacia los lados e hice un siseo. Ella siguió con su rollo.
- Nunca, jamás, creí que algo así podría hacerme cambiar tan rápido y hacerme tanto bien. Ahora somos dos chicas felices, créelo de verdad.
Crucé los brazos sobre la mesa y la miré con perplejidad. Tal vez estuviera fumada o quizá tomara alucinógenos. En el fondo todavía era una chiquilla, resabiada, una nena de apenas veintidós años.

- ¡Hola cariño! Una esfinge romana estaba de pie, a mi lado.
Permanecí mirando de reojo, sin mover una ceja. Levantándose de la mesa, claramente agitada, la Lore besó en los labios a su amiga y presentó a la recién llegada.
- Ursula, Walter.
Nos dimos un beso conquistado por la desconfianza. Frotándose ambas manos con inquietud, la Lore me dijo.
- Bien, se acabó. Walter tenemos que irnos.
- Encantada, dijo la amiga. No contesté y musité un vago: Ya...

Nada más verlas salir dejé un billete de veinte y dispuesto a seguirlas al infierno salí tras ellas.
De entrada fueron a una cervecería, estuvieron dentro un par de horas. Tiempo suficiente para que en el interior de mi mente el rostro de la mujer estatuaria que iba con la Lore se fuese fraguando como un perfil evocado, aunque todavía sin asimilar. Luego cenaron en un restaurante. Finalmente accedieron a un club nocturno sólo para lesbianas, y para mirones si se sobornaba de forma adecuada a la pava de la puerta, tal como hice.

Dentro estaba tan oscuro que apenas necesité ocultarme. Me limité a sentarme en el sofá contiguo a donde estaban, justo a sus espaldas, y utilizando el visor nocturno seguí observando el semblante de la tal Ursula, obtuve una foto digital que traspasé a mi ordenador de bolsillo e introduje en el archivo para que la cotejara con las de los criminales que allí figuraban. Al cabo de media hora un punto de luz verde indicó que el programa había hallado algo. Pulsé el Enter y la foto regresó acompañada de su archivo correspondiente. Su verdadero nombre era Ángela Solskaya: Asesina a sueldo. La recordé. Solía realizar trabajos para los servicios de inteligencia de Europa del Este, sobre todo para el KAPO de Estonia, las STT de Lituania y los servicios de inteligencia exterior SVR de Rusia indistintamente. Se sospechaba que aparte de ser agente doble mantenía cierta relación con la mafia rusa. Estaba considerada como muy peligrosa. Y así la juzgué, cuando la vi sacar un pequeño punzón, con seguridad envenenado, con intención de clavárselo a la Lore de forma disimulada. Los Martinelli tenían razón, la nena andaba metida en problemas. Por desgracia, fallo imperdonable, esa noche me había dejado el silenciador en el piso; de modo que los seis disparos que descargué sobre Ángela resonaron como la traca final en el local causando varios efectos. Uno, que las lesbis salieran corriendo despavoridas y dos, que la Lore se desmayara. La recogí, la cargué como un fardo sobre los hombros, y caminé apuntando a todo aquel que se interpusiera y en especial al par de “letos” de seguridad, quienes al verme salieron corriendo como maricas.

Salí del local, di la vuelta a la manzana, deposité a la Lore desmayada a mi lado, como si estuviera borracha, detuve un taxi y le indiqué una dirección cercana a mi piso. De allí a la casa era sencillo, no darían con nosotros. Había librado de un buen problema a la Lore pero sobre todo a mí mismo. No quería ni pensar lo que los hermanos Martinelli hubieran hecho conmigo de haberla hallado fiambre.

La dejé sobre la cama de matrimonio. Le quité el abrigo, la chaqueta, me lo pensé y opté por sacarle la ajustada prenda de lycra y sus senos blandos como aglutinante se ofrecieron a mi vista. Entonces fui al baño, empapé un trapo en alcohol me subí sobre la cama situándome sobre ella y se lo pasé por la frente. De pronto me detuve y permanecí mirándola estupefacto. Realmente era... preciosa. ¿Qué tal sería tocar uno de aquellos... rozarlo tan sólo? No, no debía de hacerlo siquiera, me estaba engañando a mí mismo, era una trampa, la trampa del sexo, la había soportado tantas veces. De pronto sentí mi erección traicionarme, y como atraída por la fuerza de un imán mi mano palpó primero la punta de un pezón luego el otro, a continuación con ambas manos, después la besé, bajé hasta su pubis enmarañado, resollaba, me desabroché el pantalón, saqué mi miembro y cuando comencé a penetrarla ella se despertó y forcejeó pero ya no había nada que hacer, yo había dejado de ser Walter y era una fiera obscena, lujuriosa, que sólo deseaba sexo, que sólo buscaba descargar mi semen dentro ¿de la Lore? y de quien fuera. Llevaba mucho tiempo sin hacerlo, mucho tiempo solitario. Mucho tiempo vagando y cumpliendo trabajos ¿trabajos? ¡Asesinatos que no me colmaban! Pero yo era Walter Carnera y no sabía hacer otra cosa. Ella se debatía, yo estaba sobre ella, una mano en su cuello y la otra sobre su boca; y ella me golpeaba, arañaba mi espalda con ambas manos pero yo ya no sentía y resollaba, o mejor si sentía, percibía el placer de los golpes frenéticos sobre el pubis de la Lore. Me estaba corriendo, sentía fluir el semen cuando ella me mordió en la mano. Solté un aullido ronco, disonante, y le di un puñetazo en el rostro. La Lore quedó desmayada de nuevo, ¿o muerta? ¿Respiraba? Respiraba… Pero la había jodido, es decir lo había hecho. En cuanto los Martinelli supieran que la había desvirgado, era historia.

Fui al baño y me empapé la cabeza, a continuación me serví un Jack Daniels cargado. Abrí la cartera, deposité cinco billetes grandes junto a la Lore. Me lavé la cara me peiné me arreglé la corbata. En un cuaderno apunté.

“Lo siento niña. Te quiero de verdad...”

Walter Carnera.

Entré en el ascensor… No. Salí del ascensor y bajé por las escaleras. Lo mejor era tomar precauciones. Si los hermanos Martinelli se enteraban de que había llevado a la chica a mi piso, era hombre muerto. Llegué al descansillo del portal: no había nadie, todo estaba silencioso. Me escurrí pegado a la pared y miré al exterior; no había un alma. Fuera, la noche estaba tranquila; imposible que estuvieran al corriente. Abrí el portón y salí a la calle Franz Kafka. Me detuve un instante relajado; saqué un cigarrillo; prendí fuego al mechero, no encendió; amartillé de nuevo la piedra y tampoco; repetí y a la tercera prendió. Di una calada y con gusto dejé escapar una tenue carcajada, me limpié las cenizas del pecho y me perdí en la oscuridad de la noche...

José Fernández del Vallado. Josef. Mayo 2008.


Texto agregado el 27-05-2008, y leído por 223 visitantes. (28 votos)


Lectores Opinan
2008-06-17 12:28:32 Un encanto, un relato entretenido que nos atrapa, muy bueno y bien narrado.***** Besos lagunita
2008-06-02 16:00:25 Está como para serie de tv, muy bueno y siempre bien narrado. gamalielvega< /a>
2008-06-01 22:58:39 Está muy bueno Josef, un entretenido relato tipo novela policial. Te adentraste en una historia mafiosa y saliste perfectamente bien. Un beso y mis estrellas. Magda gmmagdalena
2008-05-31 09:06:34 Que agradable es leerte y deleitarse con esa creatividad que dios te ha dado chaval... mil estrellas y un beso!... debbie
2008-05-30 20:18:24 Un texto que atrapa... la trama, las descripciones y el ambiente nocturno que rodea la historia... /// buenísimo ***** petalosde_cristal
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