Creo que tu ojos no encarnaban todo tu ser
en la noche.
Mas bien creo
eran inserciones que sentir intentaban
que sentir quizà, eran dos boyas en el azul ocèano
visitados por una brisa suave
o mas acà (en la tierra) imàgenes reconocidas.
A muchas personas les quedan chicos sus ojos.
Al lado dellos una vìvora en "S", creo, te llevaba para la luna.
Un testigo en tirabuzòn dejaba en claro
al tiempo mensurado en tus cabellos.
Tu cara, sin años, en sì, dice:
mi corazòn desperdigado son pulseras y pinturas
asì nadie me matarà; asì no morirè de una,
tan solo voy a dormir hasta que lata en alguna mirada àurea;
hasta que trèmula viaje en alguna muñeca, o
còsmica y apacible
contemple un mar o un rìo, acaso tambièn
huela los pinos de la montaña.
Digo, pienso: si un aviòn vuela en el fondo de la cabeza
si un barco dice viaje, en el fondo de la caverna
en esas tierras mòviles
donde puede uno pisar que sea volviendo
que sea yèndose.
El lugar intermedio donde se desfigura la alienaciòn
y se configura un nombre que carga las potencias
que mueven los pies faldeando las montañas,
que delìnea la boca, de un ocèano.
Creo de una vez
hay que saber que viviremos en partes
de un todo que nos reclama a gajos.
Alguna vez nos veràn cuando se complete
una vuelta al mundo
los ojos en el agua, las piernas en un bosque
las manos en un cielo.
Uno nunca se va
siempre
alguna parte queda en algun lado.
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