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Inicio / Cuenteros Locales / chinaski81 / El fetichista del elevador

 Versión para imprimir  Enviar a un amigo [C:355468]

Javier estaba en un pasillo del edificio de departamentos en el que vivía, esperando el elevador. Cuando la puerta se abrió, oyó detrás una joven voz de mujer. «¡Un momento, por favor!» La chica entró en el ascensor y la puerta se cerró. No la había visto nunca. Llevaba un vestido amarillo, el cabello recogido hacia arriba en un chongo ridículo, y unos aretes llamativos, unos aros de cinco centímetros de diámetro. Ella sostenía una bolsa de Walmart. Era flaquita pero tenía unas nalgas espléndidas. Sus pechos parecían a punto de desbordarse, descarados, ansiaban salir del vestido. Tenía unos ojos verdes, clarísimos; los labios gruesos, pintados en exceso. El carmín rojo intenso brillaba y Javier alzó la mano y pulsó el botón de STOP. Funcionó. El elevador se paró. Javier avanzó hacia la chica. Le levantó la falda y miró aquéllas piernas largas, perfectas. Ella parecía conmocionada, de piedra. La sujetó mientras ella soltaba la bolsa del mandado. Por el suelo rodaron latas de verduras, un aguacate, toallas femeninas, un paquete de carne y tres barritas de chocolate. Luego, Javier apoyó la boca en aquellos labios. Ella lo besó, automáticamente. Él bajó su mano y le quitó el calzoncito, era rosa, abombado. Sin dejar de besarla, la cargó de frente y comenzó a embestirla contra la barda del elevador. Cuando terminó, se subió la cremallera, apretó el botón del tercer piso, y esperó, de espaldas a la mujer. Cuando la puerta del ascensor se abrió, salió. La puerta se cerró tras él y siguió su camino.

Javier bajó caminando hasta su departamento, metió la llave en la cerradura y abrió la puerta. Ivonne, su mujer, estaba en la cocina haciendo la cena.

-¿Qué tal? -le preguntó.
-Ah, la misma mierda de siempre -dijo él.
-La cena estará en diez minutos -dijo ella.

Javier fue al baño, se quitó la ropa y se dio una ducha. El trabajo estaba hartándole. Seis años y no tenía un centavo en el banco. Se sentía defraudado de alguna extraña forma, como si le hubieran hecho promesas falsas, como si la vida le hubiera arrebatado algo que no podía recuperar, pero no sabía exactamente qué.

Se enjabonó bien, se frotó y se quedó inmóvil dejando que el agua, muy caliente, le bajase por la nuca. Le quitaba el cansancio. Se secó y se puso la bata, fue a la cocina y se sentó a la mesa. Ivonne ya estaba sirviendo la cena. Albóndigas en salsa. Hacía muy bien las albóndigas en salsa.

-Bueno -dijo Javier-, dame una buena noticia.
-¿Una buena noticia?
-Ya sabes a lo que me refiero.
-¿Te refieres a… que si ya me bajó?
-Sí.
-No me ha bajado.
-Pues que estamos bien...
-No he preparado el café.
-Siempre se te olvida.
-Sí, no sé qué me pasa.

Ivonne se sentó y empezaron a cenar sin café. Las albóndigas estaban buenas.

-Javier -dijo ella- podemos abortar.
-Bueno -dijo él-, si no hay otro remedio, lo haremos.


* * *


Al salir del trabajo al día siguiente, entró solo en el elevador. Fue hasta el tercer piso y salió. Luego dio la vuelta, volvió a entrar y pulsó de nuevo el botón. Bajó hasta el estacionamiento, salió, fue hasta el carro y se sentó a esperar. Vio a la chica subir por el estacionamiento, esta vez sin bolsa de Walmart. Abrió la puerta del carro. La muchacha llevaba un vestido rojo, más corto y más ceñido que el amarillo. Llevaba el pelo suelto, lo tenía muy largo, casi le llegaba a las nalgas. Traía los mismos ridículos aretes y los labios aún más pintados que la vez anterior. Cuando entró en el ascensor, la siguió. Subieron juntos, y de nuevo Javier apretó el botón de STOP. Luego, se echó sobre ella, posó los labios en aquella boca roja y brillante. Como un poseído, le bajó la tanguita y la penetró con todas sus fuerzas. Le dieron al asunto aporreando las cuatro paredes. Esta vez duró más. Luego, Javier se subió la cremallera, le dio la espalda y apretó el botón del número tres.

Cuando abrió la puerta de su hogar, Ivonne estaba cenando. Tenía una voz ronca, horrorosa, así que Javier corrió a darse una ducha. Salió con la bata puesta, se sentó a la mesa.

-Ivonne -dijo- hoy despidieron a cuatro compañeros… de mi área, así… enfrente de todos. Entre ellos a Angel Gómez.
-Mal están las cosas -dijo Ivonne.

Había filetes y papas, tsurimi y galletitas saladas. No estaba mal.

-¿Sabes cuánto tiempo llevaba Angel trabajando allí?
-No.
-Siete años.

Ivonne guardó silencio.

-Siete años -dijo Javier-. A ellos les da lo mismo. Esos cabrones no tienen corazón.
-Hoy no me he olvidado del café, Javier.
Ivonne se inclinó y le besó mientras le servía.
-Voy mejorando, ¿eh?
-Si.

Terminó de servir y se sentó.
-Me ha bajado.
-¿Qué? ¿De verdad?
-Sí, Javier.
-Eso está muy bien, pero muy muy bien...
-No quiero un hijo hasta que no lo quieras tú, Javier.
-¡Hay que celebrarlo, Ivonne! ¡Con una botella de buen vino! ¡Iré por una después de cenar!
-Ya la compré yo, Javier.

Javier se levantó y rodeó la mesa. Se colocó casi detrás de Ivonne, le echó hacia atrás la cabeza, poniéndole una mano bajo la barbilla y la besó.

Cuánto te quiero, preciosa!

Cenaron. Fue una buena cena. Y una buena botella de vino.


* * *


Javier salió del coche cuando ella subía por el pasillo. Ella le esperó y entraron juntos en el ascensor. Esta vez llevaba un vestido azul y blanco estampado de flores, medias y tacones negros. Llevaba otra vez recogido el pelo y fumaba un cigarrillo Benson and Hedges.
Javier apretó el botón de STOP.
-¡Un momento, amigo!

Era la segunda vez que Javier la oía hablar. La voz era un poco áspera, pero no estaba nada mal.
-Sí -dijo Javier-. ¿Qué pasa?
-Vamos a mi depa.
-Bueno.

Ella apretó el botón del número cuatro. Subieron. La puerta se abrió, salieron al corredor y fueron hasta el 404. Ella abrió la puerta.

-Bonito lugar -dijo Javier.
-Me gusta. ¿Quieres algo de beber?
-Claro.
Ella entró en la cocina.
-Me llamo Eunice -dijo.
-Yo, Javier.
-Eso ya lo sé, pero ¿cuál es tu nombre de verdad?
-Qué simpática -dijo Javier.

La chica salió con dos vasos y se sentaron en el sofá; bebieron.
-Trabajo en el Palacio de Hierro-dijo Eunice-Soy dependienta en corsetería.
-¡Qué bien!
-¿Cómo que qué bien?
-Quiero decir que qué bien se está aquí… los dos juntos.
-¿De veras?
-Claro.
-Vamos al cuarto.

Javier la siguió. Eunice terminó la bebida y puso el vaso en el buró. Entró en el baño. Era un cuarto grande. Eunice empezó a cantar mientras se desvestía. Cantaba mejor que Ivonne. Javier se sentó al borde de la cama y terminó su bebida. Ella salió y se tumbó a su lado, desnuda. Su vello púbico era mucho más oscuro que el de su cabeza.

-Bueno, ¿qué pasa? -dijo.
-Nada…-dijo Javier.
Se quitó los zapatos, luego los calcetines, se quitó la camisa, los pantalones, la camiseta, los bóxers. Luego, se echó en la cama, a su lado. Ella volvió la cabeza, y él la besó.

-Oye -dijo él-, ¿tiene que estar encendida la lámpara?
-Por supuesto que no.
Eunice se levantó y apagó la lámpara del buró. Javier sintió la boca de ella sobre la suya. La lengua entró, jugueteó. Javier se echó sobre ella. Era muy suave, olía muy bien. La besó y le lamió los pezones, la besó en la boca y en el cuello. Se pasó un buen rato besándola.

-¿Qué pasa? -preguntó ella.
-No sé -dijo él.
-¿Te sientes bien?
-No.
Javier se levantó y empezó a vestirse en la oscuridad. Eunice encendió la lámpara de la mesita.
-¿Tú qué eres? ¿Un fetichista de los elevadores o qué?
-No, no...
-Sólo puedes hacerlo en el elevador, ¿verdad?
-No, no, tú fuiste la primera, de verdad. No sé lo que me pasó.
-Pero ahora me tienes aquí -dijo Eunice.
-Ya lo sé -dijo él, poniéndose los pantalones. Luego, se sentó y empezó a ponerse los calcetines y los zapatos.
-Óyeme, grandísimo pendejo...
-¿Sí?
-Cuando estés en condiciones y me desees, ven a mi departamento, ¿entendido?
-Sí, entendido.
Javier ya estaba vestido del todo y en pie.
-Se acabó lo del elevador, ¿entendido?
-Entendido.
-Si vuelves a violarme en el elevador, voy a la policía. Te lo juro, cabrón.
-Sí. Está bien.

Javier salió del cuarto, cruzó la sala y salió del departamento. Llegó al elevador y pulsó el botón para llamarlo. La puerta se abrió; entró. El ascensor empezó a bajar. A su lado, había una jovencita, probablemente una mucama. Tenía el cabello negro, corto. Falda negra, blusa y medias blancas, zapatitos de tacón bajo. Era de tez morena, y sólo llevaba un toque de lápiz labial. Aquel cuerpo tan pequeño tenía un trasero sorprendente, de lo más atractivo. Sus ojos eran color castaño, muy profundos, parecían cansados. Javier alzó la mano y apretó el STOP. Cuando avanzaba hacia ella, la chica gritó. Él le dio un par de cachetadas, fuertes, sacó un pañuelo y se lo embutió en la boca. La sujetó con un brazo por la cintura y le dio vuelta, apretando las suaves y redondas nalgas contra su entrepierna. Mientras ella le arañaba la cara, le subió la falda con la mano que tenía libre.

Lo que vio le gustó.

Texto agregado el 02-06-2008, y leído por 72 visitantes. (9 votos)


Lectores Opinan
2008-06-08 06:32:39 Un cuento que se lee fácil, tiene agilidad y mantiene la atención. Un abrazo corguill
2008-06-06 01:27:11 Me atrapaste!, me gustó mucho tu texto, es un texto de mas de 1600 palabras y ni se sienten, que buen estilo, un gusto leerte. El final, si quizá una pulidita pero si no, de cualquier forma es un texto muy bueno***** mosclon
2008-06-06 00:44:08 sin lugar a dudas de que tienes una estraordinaria manera de escribir, y pertenece a la nueva generación por eso no se te puede criticar lo de la redundancia, los escritores jovenes tienden a utilizarla, desde luego, que si tiene talento como tú pasa desapersivida, el cuento me encantó, logras mantener la intensidad del mismo sin desviarte, como dice quiroga, que el cuento es como una flecha que no se puede desviar y tu no te desvía ni un instante, felisidades, seguiré leiendo tus trabajos, la buena escritura es para disfrutarla. sandyvalerio< /a>
2008-06-05 22:05:05 Ya me estoy yendo a un edficio de 47 pisos a dar un vajecito en el ascensor. ja ja. Buen cuento. Erótico, sencillo, simple, y tan real el relato que en partes me sentí Javier. Mis ***** chilicote
2008-06-05 05:27:23 Realmente buena redacción. En cuanto al contenido... al que diga que no es más que un cuento morboso lo voy a golpear con un libro de Psicología. Carmila
2008-06-04 05:16:51 Hum... no se... La redacción debe haberme parecido bastante buena de lo contrario jamás hubiese llegado hasta el final, que, ya te han comentado otros cuenteros, también creo en un cambio favorecedor al texto. A mi gusto personal (siempre aclaro ese punto) el contenido de tu relato le resulta bastante insípido. Como sea, gracias por la invitación a leerte. Saludos torovoc
2008-06-04 04:58:57 Un buen relato idealista, se lee bien hasta el final, saludos, 5* hippie80
2008-06-04 04:33:31 Primero agradecerte la invitación a la lectura, luego comentar lo siguiente: sobre la credibilidad o no de la historia, me parece que no hay que devanarse tanto el seso para reconocer que en esta vida puede suceder cualquier aberración sexual. Luego, por respeto a tu inventiva como autor permite que por ahora suprima todo comentario sobre el estilo y la técnica de redaccion. Detalles de más o de menos no me han impedido de disfrutar tu texto. Por ello..*****y mi felicitación sagitarion
2008-06-04 04:28:59 No tengo muchos deseos de plantar mi comentario, me ha gustado mucho, pero voy en el ascensor y no tengo mas tiempo, una esta entrando. alegreincer
2008-06-04 04:22:08 Interesante. Me gustó. chilicote
2008-06-03 16:08:36 bueno...entretenido..cautiva hasta el final rextanaka
2008-06-02 19:25:46 Estoy de acuerdo con Andromaco, revisa el final para que te quede redondo el cuento. dinosauro
2008-06-02 19:14:59 mmm, mantiene la atención, pero en contrade otras opiniones poco creible, pero ese no es el problema, quizás la mención gratuita de marcas? Un saludo vampi-esa
2008-06-02 18:57:15 Muy buen cuento. Y creíble además. Bien estructurado, escrito con sobriedad y dejando al lector con la impresión que todo seguirá igual en la casi rutinaria vida del fetichista.***** zumm
2008-06-02 04:01:45 Buena historia. Y bien contada. Me gustó. De lo mejor que te he leido. Saludos arqui
2008-06-02 02:59:50 Excelente! Inquietante, me mantuvo atento y sorprendido. El final necesitaría un retoque, no se que. Un poco más de misterio y no tanta obviedad. Te parece? andromaco
 
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