La flor fue contaminada con el polen del amor y no por una abeja como es la ley natural (recordemos que este reglamento fue colgado el día de la creación a la entrada del paraíso). La lengua viperina que no esta certificada para contar este relato maravilloso, cuentan en su esquina del bla, bla, bla –Todo fue por querer tener un romance carnal con la sucia mariposa del jardín vecino-.
-¡Qué planta para bestia! ¿Cómo fue capaz de cometer tal sacrilegio?-.
Desde entonces, la pobre flor padece un cáncer cristalino y se esta convirtiendo en una dura criatura. Se desplomaron los grandes y sensuales pétalos, se engordo y su belleza dejó de existir. En resumidas cuentas, sufrió una horrible metamorfosis y ahora la llaman la fea semilla.
¡Gracias a Dios! El botánico más antiguo del planeta descubrió que enterrando el degenerado ser o en las palabras de los indios campesinos se debe sembrar la semilla. Dice el experto que debe ser por varios días, más el frecuente baño con agua purificadora, más unas vitaminas rellenas con un buen fertilizante, más el calor del profeta de la luz verdadera y más unos riegos con agua bendita, quitan del todo la maldición de la mariposa negra y vuelve a retoñar la belleza de la flor. Este remedio casero fue llamado cultivar una nueva flor.
¡Que cosa para ridícula! Pero que funciona, funciona. |