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Inicio / Cuenteros Locales / papagayo_desplumao / Un cuento de hadas

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Tras horas trabajando en mi proyecto de terminología, salí a dar una vuelta por mi ciudad. Era una cálida tarde de primavera, pero yo estaba girao, mi cabeza daba vueltas como si acabaran de desenchufarle una batidora. Callejeaba sin rumbo fijo cuando me encontré junto al viejo quiosco de la calle Antonio Maura. Entre el collage de portadas de revistas y coleccionables que cubrían las paredes del edificio había un cartel en el que podía leerse: EL ASILO DEL COMIC. Sentado en su silla en la oscuridad estaba el señor Barrachina, el ermitaño que habitaba aquel lugar rodeado de tebeos, libros y baratijas de toda índole. Había pasado por ahí delante miles de veces, pero creo que era la primera vez que entraba. Me puse a ojear las estanterías de libros viejos. Me llamó la atención uno de Ana María Matute que se titulaba Algunos muchachos, valía sólo 200 pesetas.
Animado por el descubrimiento, volví hacia casa. Pero esta vez fui por el camino más recto, que desembocaba en la plaza Santa Clara, y allí me tropecé con la Feria del Libro. Había un gran número de personas haciendo cola frente a la caseta central. Cuando pasé por delante no pude creer lo que vi. Era ella, Ana María Matute, sentada tras una mesa firmando ejemplares de Olvidado rey Gudú. Nunca antes había leído nada suyo, pero ese día algo me había hecho comprar aquel libro. Me daba un poco de vergüenza, pero pensé que no podía irme sin pedirle que lo firmara. Así que me puse a hacer cola con mi libro roñoso detrás de la gente que se había gastado sus 5.000 pesetas en un reluciente ejemplar de Olvidado rey Gudú. Al verme haciendo cola con aquella cosa, el dueño de la librería Surco masculló indignado: «Eso es más viejo que Matusalén.» Cuando llegué a la mesa se lo conté todo: cómo había salido a pasear y había comprado aquel libro sin saber nada y luego me la había encontrado aquí y me había parecido increíble. En los ojos de Ana María Matute asomó un brillo de ilusión.
—¡Qué bonito! —dijo.
Abrió el libro por la primera página y, tras pensárselo un momento, escribió: «Un viejo hechicero hizo que se cruzaran nuestros caminos una tarde de primavera. No olvides que la vida es la más mágica de las historias.»
Qué va, es mentira, lo que en realidad escribió fue «Para Jaime con cariño, Ana María Matute». No exageremos, puede que la vida sea tan mágica como los cuentos de hadas, pero los finales no suelen ser tan cursis.

Texto agregado el 10-06-2008, y leído por 182 visitantes. (5 votos)


Lectores Opinan
2008-12-19 10:04:08 Es que te estaba pasando de cursi, menos mal que te has dao cuenta al final... Nomecreona
2008-06-28 14:02:12 Este texto es de suyo mágico, has logrado en cada línea transportar al lector al lugar, mirar los libros, sentir bullicios internos y de los otros. Aplaudo tu genio y esa óptica que lleva el escrito: No todo es, pero es... EStrellas para aplaudir tu genio. FaTaMoRgAnA
2008-06-15 20:54:23 Bueno, muy bueno. Esa doble dedicatoria (la ideada, la real) le dan un toque especial. Saludos arqui
2008-06-11 11:57:06 Este cuento es más viejo que la novela de Ana María Matute, todavía pagabas con pesetas... :( Una historia realmente preciosa. sophie
2008-06-11 01:15:49 Un relato encantador. Un placer leerte. Besos y estrellas. Magda gmmagdalena
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