Vivimos en la actualidad una maravillosa paradoja. Basta hacer un click en el computador para recibir toda una batería de informaciones, sobre distintos ámbitos del quehacer humano. Mano biónica gana máximo premio tecnológico en Reino Unido... Encuentran ruinas del palacio de Moctezuma... Descubren cómo impedir que los cultivos de arroz absorban arsénico… Tal parece que nada escapa al avance científico y tecnológico.
Y sin embargo, cuando podemos comunicarnos en tiempo real desde cualquier latitud planetaria, todavía nos sentimos solos. Y buscamos más allá de lo evidente, de lo empírico, de lo real, aquello que nos dé fuerza para seguir adelante.
Porque todavía hay misterios que llenan de magia nuestro camino. Y en la búsqueda por descifrar dichos enigmas, abandonamos nuestra soledad. Nos apoyamos en viejas teorías. Actores del pasado cobran vida de nueva cuenta y nos acompañan en esta aventura.
Nuestra región no está exenta de esta inquietud, ahora que toma más fuerza el devenir indígena y revalorizamos nuestros lazos con el pasado. Ahora que podemos indagar sobre distintas civilizaciones que llegaron a nuestro territorio.
Datos conocidos y otros que sorprenden. Viejos mitos se derrumban y otros se agigantan. “El que nada duda, nada sabe”, dice un proverbio griego. “La sabiduría no se traspasa, se aprende”, dice otro árabe.
Aún es tiempo para aprender de nuestra gente. Nuestra tierra. Nuestros campesinos. Los vivos y los muertos. Con los caminos que hoy se trazan y con las rutas que otros siguieron en el pasado.
Es probable que nos encontremos con muchas sorpresas. No en vano, como diría un buen romano, “por la ignorancia nos equivocamos, y por las equivocaciones aprendemos”. |