Abro la puerta de esta casa y miro por la rendija del pasado, lo recuerdos ocasionales.
Aquellas mañanas en las que el olor de la ciudad invade la habitación, y va despojandome, despojadote.
Y tu cuerpo deslumbrante, abriendose camino entre mis sentidos.
Y el sonido de la ciudad, el aroma de tu lujuria;
Me depongo nuevamente hasta tus muslos, y percibo el abismo infinito.
Caigo y sobrepaso, tus clamores, tus insinuaciones.
He decicido, en un acto de simbiosis,
Dejarme morir dentro de tu cuerpo mujer.
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