¿ Una bofetada?
No duele tanto como la palabra,
la bofetada escuece, señala, amorata la piel...
¿ La palabra? La palabra se cuece, hierve,
se crece en el intelecto, y en cuestión de nada
te cruza el alma y te mata la esperanza
al recibirla...
Qué fácil es dañar con la palabra,
que simple envenenarla con entonación e inteligencia...
Temo más a un pregonero que a un violento
y temo aún más a un violento con don de palabra;
duele más una bofetada al alma que una al rostro,
no temáis la palabra si no a su ingeniero, ese,
ese es el peligroso. |