La Deuda
La niña despertó enredada entre flores blancas y negras, y le preguntó angustiada a su hermana menor que dormía a su lado:
“Hermana, hermana ¿yo te debo algo?”
“¿Deberme algo? Estás tonta, ¿por qué? ¿Acaso me rompiste alguna cosa y no me lo dijiste?”
“No”
“Entonces no, no me debes nada, pero anda, déjate de tus historias y levántate ya a hacer el desayuno, tengo mucha hambre”
La niña se vistió bajo el sol de aquel sábado, con un vestido rosa y calcetines rayados. Se hizo ella sola las coletas, para variar, una más alta que la otra, y preparó leche y tostadas, aunque el pan se le quemó porque no llegaba bien a la tostadora.
En esas llegó su madre, cansada y triste como de costumbre y ella le preguntó:
“Mamá, ¿yo te debo algo?”
“¿Deberme a mí?, no cariño, no me debes nada, nada en absoluto. Anda ven, tira esas tostadas, eres muy pequeña para hacer desayunos, yo lo haré, que ya tendrás tiempo de hacérmelo tú a mí cuando yo esté viejita y no me pueda mover”
La niña dejó el desayuno y corrió al salón donde su padre enfermo leía el periódico.
“Hola cariño”
“Hola papá, ¿cómo estás hoy?”
“Mal, mal, no puedo casi respirar con este puto cáncer”
“Oye papá, ¿yo, alguna vez… te debo algo…?”
“¿Qué me vas a deber? ¿Pero qué dices?, ¿es uno de tus juegos?, ¡eso, juega, jugad todos, mientras yo me muero como un perro…!!”
La niña se fue corriendo y al bajar las escaleras se topó con su hermana mayor que venía de la calle.
“¡Nena!, ¿dónde vas tan rápido?, eeeepa, ¿por qué lloras? ¿le pasó algo a papá?”
“No tata, no, es sólo que… nada, sólo dime, ¿te debo algo?”
“¿Qué?, estás chalada criatura, pues claro que no me debes nada, ¿y por eso lloras??? ¿serás idiota?, ¡el susto que me has dado!!, ¡imbécil!, en vez de estar con tanta tontería deberías de estar ayudando a mamá hoy que no tienes colegio, que bastante tiene ya la pobre…”
Pero la niña corrió, lo más lejos que pudo, con sus zapatos de charol, sus coletas zambas, su rebeca blanca… y como no le debía nada a nadie se arrojó al río de sus historias.
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