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Inicio / Cuenteros Locales / nesravazza / La Señora Mendeville

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No sé si algunos de los lectores que hoy frecuentan estas líneas habrá conocido en su momento una historia tan particular.
Es la historia de una mujer (de una de las tantas mujeres de este mundo) y comenzó unos doscientos años atrás.
María Josefa Petrona de Todos los Santos Sánchez de Velazco nació en la ciudad de Buenos Aires, bajo el signo de Escorpio, el miércoles 1° de Noviembre de 1786.
Sus padres, tuvieron pocas esperanzas con respecto a la duración de su vida por los malos partos y las muertes prematuras de los hijos anteriores.
Sin embargo la niña superó todos los embates y terminó por convertirse en la única heredera del patrimonio familiar. Y María pasó, de ser una niña de salud muy frágil, a un verdadero partido apetecible para muchos galanes de aquel tiempo.
Su padre intento casarla (¡a los catorce años!) con un pariente del primer marido de la madre. Para ello pretendió convencer a su hija de todas las maneras posibles, llegando incluso a encerrarla en el camarín lateral de la torre de la iglesia de San Ignacio durante varias semanas.
Ella estaba enamorada locamente de su primo Martín y decidió no aceptar la imposición de nadie, por lo que fue depositada por su padre. en un convento, durante tres años. Tuvo la suerte, sin embargo, que de España llegara una dispensa al Virrey que le daba la posibilidad de autorizar aquellos casamientos impedidos por los padres de los novios.
Y María tuvo por fin su boda con Martín cuando recién despuntaba el siglo XIX.
De aquella unión nacieron cinco hijos.
Y María ( a diferencia de su madre) tuvo cinco buenos partos.
Martín murió, sin embargo, regresando en barco desde el norte, en una noche oscura, luego de arribar .al precario puerto de la ciudad de Buenos Aires
María entonces se quedó sola y con los cinco hijos a su lado.
Un año después contrajo matrimonio con un joven francés, llamado Washington de Mendeville y tuvo con él tres hijos más.
Luego el siglo avanzó, los años pasaron, los hijos crecieron y su relación con Mendeville declinó hasta separarse de manera definitiva de su segundo marido en los tiempos federales de Rosas y la Mazorca.
Su segundo marido era un opositor al Restaurador y ella no había tenido otro remedio que exiliarse.
Luego del divorcio, sin embargo, regresó.
No podía vivir sin estar en Buenos Aires, a la que ella llamaba “la tierra de mis adoradas lágrimas”.
Finalmente María se vino un mujer muy mayor. Rosas se marchó hacia Inglaterra y comenzó la definitiva organización nacional.
Ella por entonces tenía 8 hijos, muchísimos nietos y hasta algún bisnieto.
Y le gustaba mucho caminar por el frágil malecón cercano al Río de la Plata, mientras la gente la saludaba con afecto y sus nietos la llamaban Mamita Mendevielle.
Y también recordaba, por supuesto, aquella velada de principios de siglo en su casa de la calle Florida al 200. Cuando todos la llamaban Mariquita Sánchez y cuando tuvo la suerte de hacer escuchar a los patriotas el himno que le hicieran llegar Blas Parera y aquel loco de López y Planes.

Texto agregado el 05-07-2008, y leído por 17 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
2008-07-06 14:08:29 En la vida suceden acontecimientos importantes como por ejemplo tener la suerte de conocer a una mujer notable...me encantó la reseña...5 online
2008-07-05 20:20:03 Excelente relato que nos lleva a pasear por la historia, un abrazo carlitoscap
2008-07-05 17:58:26 Interesante historia de Mamita Mendevielle. Un amujer adelantada para su época y su entorno. Me encantó. Sofiama
 
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