Y vi como tu liquido bermejo se estremecía entre mis manos, y estas se convirtieron en cascadas de tu rojo pasión, me encantaba como teñía de carmesí mi lecho, pase mis manos por mi rostro y eufórica me tocaba manchándome con tu sangre liberando mi ira que quería ser orgasmo.
Mientras tanto vos yacías de dolor a mi lado, para que tuviste que contar tus secretos, las hermosas cosas implícitas hacían ciego al corazón, entonces, para que tuviste que soltar palabras y desencadenar tanto ardor.
Una vez te albergue en lo mas profundo de mi matriz, te dije, en cartas con expresiones subliminales y sublimes, que debías permanecer allí y que si las mas pérfidas morsas te acosaban mi matriz seria el único lugar en el que te albergaras, un cuenco pequeño y lleno de luz.
Antes de que tu anexión biológica quebrantara mis entrañas y yo desparramaras mil gemidos en el aire, antes de eso, recorrías sutilmente mis encantos en medio de esquinas y plazas, diciendo con gracia y ternura al oído esas palabras que solo los amantes quieren oír.
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